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Relato de Misterio: La Colina

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Era un error, y lo sabía. Aun así, continuó escarbando la tierra, en el lugar donde creía que estaba el cadáver de Kelly. Tenía que estar allí, bajo la tierra apelmazada, a merced de la humedad, del tiempo y el olvido. Tenía las uñas ennegrecidas y astilladas de tanto arañar arrancando raíces, hurgando hacia las entrañas del secreto, donde se ocultaba la muerte. Kelly yacía allí, no entera, entera no…
Kelly, la dulce Kelly, la ternura de Kelly, sus ojos inquisitivos, su muda pregunta siempre en los labios, sin ser pronunciada, pero acuciante. Kelly y sus pequeñas manías, como lo que hacía cuando reflexionaba sobre algo que no comprendía bien: pellizcarse las cejas mientras fruncía el ceño. Kelly y su graciosa manera de andar, casi bailando…
Kelly, la dulce Kelly, estaba bajo tierra, en aquel rincón espantado de matorrales, sobre la cima de la colina, señoreando la vecindad que ignoraba su muerte.
Max gruñó, y aceleró el ritmo, sacando la tierra con las dos manos a la vez, frenético en…

Relato de Terror: La Puerta del Armario

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Ninguno creía en los espíritus.
Y sin embargo estaban allí, sentados alrededor de la mesa, con el dedo índice de la mano derecha puesto delicadamente sobre un vaso de plástico que Marcos había colocado boca abajo. Alrededor, en círculo, habían distribuido las letras del abecedario. Las habían cortado de una en una a partir de una hoja de papel. Estaban a oscuras en la habitación de Santina, iluminados por un par de velas.
A Santina no le gustaba la idea de hacer una sesión de espiritismo en su habitación, pero su hermano Marcos y los demás, Lalo, Mercedes y Toño, se habían empeñado tanto en hacerla allí, porque no tenían ningún otro sitio donde jugar, que al fin había cedido.


La niña fruncía el ceño mientras observaba el rostro de sus compañeros de mesa. Marcos se concentraba en el vaso, convencido de lo que hacía; era el único que creía en la existencia de los espíritus. Lalo apretaba los labios para contener la risa, y Mercedes y Toño miraban de soslayo alrededor, temerosos como ell…
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Ahora podéis escuchar dos fragmentos de la novela El Destino de Ana H. Murria, con la inigualable voz de Jesús Vera Cristobal. Es un vídeo cortesía de Jesús Vera Cristobal y Violant Muñoz Genovés, para el programa www.radiosilenci.cat. Al escucharlo os haréis una idea del ambiente de la novela, adentrándoos en el mundo de Ana H. Murria, una historia sórdida, dura, inimaginable...
Maite R. Ochotorena


Entrevista para el Diario Vasco con Begoña del Teso

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Aquí os dejo la entrevista que Begoña del Teso me ha hecho para su sección en el Diario Vasco. En ella hemos conversado sobre las novelas de intriga, sobre la San Sebastián que aparece reflejada en mi última novela, El Destino de Ana H. Murria, y sobre mi curiosa trayectoria literaria. Espero que os guste, y si queréis, podéis dejar algún comentario.
Maite R. Ochotorena



Días malos

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A veces, aunque sé bien que días como el de hoy tocan, y que no puedo hacer nada para evitarlo, me veo inmersa en un lunes sin ganas, ni arranque para seguir peleando. Un lunes cualquiera, no hay diferencias, sólo soy yo que me doy por vencida durante un kit kan que no suele ir más allá de un día.
Es entonces cuando recuerdo que ya sé que voy a tener más de un lunes como el de hoy, que habrá muchos lunes así, de bajón, de dudas, de «no tengo ganas de salir a buscar lectores», de para qué...

Es entonces cuando acudo a ése calendario que tengo en mi estantería, (me lo regalaron durante una de mis visitas), donde dice: «Recuerda, no es dónde estás, sino a dónde quieres llegar».
Es entonces cuando me dejo llevar, «hoy no salgo, hoy descanso». Porque no tiene nada de malo rendirse por unas horas, dejar que pase el cansancio, las dudas, el miedo y la pataleta. Porque siempre, invariablemente, hay un martes esperando, dispuesto a volver a empezar.
No son las derrotas en el día a día, son las…

Relato de Terror: El Mensajero de la Muerte

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Contestar una llamada anónima puede parecer un gesto intrascendente, pero también puede hacer que el destino llame a tu puerta.


A veces, darle paso a un desconocido, implica mucho más de lo que parece; a veces, ceder nuestro espacio a una simple llamada de teléfono, o el simple hecho de leer un mensaje… es darle una oportunidad al mensajero de la muerte.
Beth llevaba apenas diez minutos sin mirar la pantalla de su móvil, decidida a ignorar sus zumbidos cada vez que recibía algún aviso. Apoyada en el alféizar de su ventana, mantenía la mirada fija en la lluvia al otro lado, el mentón obstinado sobre la mano, la espalda arqueada, las rodillas dobladas… Estaba en calcetines, y ya se había cambiado para estar en casa. Su mal humor iba aumentando, a medida que el móvil parpadeaba sin cesar, zumbando sobre la moqueta con insistencia.
No quería ceder, pero le costaba dominar su natural impulso de mirar.
La cuestión no era si leer o no los mensajes de Whatsapp… la cuestión era si leer o no lo…

Relato de Misterio: Pacto con la Muerte

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Por encima de todo, Nathaniel ansiaba vivir. La vida y la muerte, la eterna quimera a la que él pretendía burlar.
La Isla de Santa Clara se perfilaba contra el cielo negro, abrupta y silenciosa. El faro desde su cumbre cortaba la creciente oscuridad con un penetrante cuchillo de luz, y el mar subía y bajaba furibundo, salpicado de múltiples y brillantes crestas de sal; aquel mar oscuro y bravo zarandeaba la embarcación de Nathaniel mientras remaba frenéticamente a través de la bahía.
Muy pronto una cortina de lluvia se derramó desde aquel cielo plomizo, convirtiendo el horizonte en un brumoso cuadro amenazador. El viento soplaba con fuerza desde el norte, y las olas se envalentonaban, saltando contra la espalda de la isla en una explosión de espuma blanca.
Nathaniel no tenía miedo, pero no quería perder su preciosa carga. Miró a su espalda. La ciudad de San Sebastián se veía apacible bajo la borrasca, con sus luces titilando en la oscuridad y sus playas apenas visibles con la marea al…

Tic Tac

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El tiempo se cuela por mi ventana,
un brumoso atardecer,
el tic tac eterno que desbarata mis preguntas sin respuesta,
una pausa en el pensamiento,
un rubor tardío que ya no puede ser,
ni será,
ni vendrá...


Me lamento,
y me ciño una pausa en este corsé que llevo puesto.

El tiempo se mece en mi espera,
tiene trazos de ti, se te parece,
pero no eres tú,
ni lo serás,
ni estarás...

No me queda espacio,
me rompo en trazos silentes,
lloro porque no eres tú,
porque no te quedas,
ni yo estaré esperando,
en este preciso instante que se detiene y se burla,
que me retiene,
que me castiga,
que me desnuda...

El tiempo se desplaza,
ahora es un poco más ayer,
un poco más lo que no fue, lo que fue, lo que permanece, lo que se me escapa...
ahora está fuera de mí,
en otra parte, más allá,
donde no puedo permanecer,
ni desgarrarme en cintas grises,
ni desquitarme ni ausentarme,
ni tener encuentros,
ni desencuentros...

Tic tac...
El tiempo se acaba...

© 2017 Maite R. Ochotorena