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Bocaditos de Suspense: «Las cuatro cajas»

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—...no tengo prisa, tómese su tiempo, pero hágalo bien —insiste Valentine. Está de pie, de brazos cruzados junto a la zanja que su empleado está excavando junto a la valla del rancho—. La quiero más profunda, y un poco más ancha.
El obrero se detiene un momento, resoplando por el esfuerzo. Tiene la frente cubierta de sudor y el semblante enrojecido. Hace calor, son las cuatro de la tarde de un día de agosto, no son horas para estar cavando a pleno sol.
—¿Puedo preguntar qué piensa hacer con esta zanja?
Valentine sonríe, pero no se digna contestar. Alza los ojos al cielo, de un azul intenso. Una bandada de vencejos revolotea haciendo cabriolas sobre sus cabezas, rápidos y audaces. Le gusta su temeridad, la libertad y el dominio que demuestran... Son malabaristas del aire. Ella es también malabarista, aunque de otras cosas.
El empleado reanuda su ardua labor. Se le oye resoplar cada vez que golpea la tierra y hunde la pala en ella. Valentine le observa sin sentir ni un ápice de piedad …

Bocaditos de Suspense: «Ése no es mi bebé»

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Regresar de la inconsciencia en la oscuridad y recordar que tu precioso bebé está muerto.
Qué puede haber peor que esto.
Mari Rose abre los ojos. Está tendida en la penumbra de su habitación, junto a la cuna silenciosa de su hija de tres meses, mirando al techo.
Recuerda de inmediato que la ha perdido, de muerte súbita. El dolor sacude su conciencia y se siente morir...
El silencio lo recorre todo.
Está sola.
En ese silencio se escucha un gutural gruñido. La cuna se sacude.
Mari Rose se asusta.
Se incorpora y mira dentro. El bebé, que ella dejó cubierto con su mantita, para no tener que verlo, se mueve.
Se emociona, ¡Oh Dios! ¡Está viva!
Extiende la mano y aparta la manta...
Eso no es su bebé.
Una forma blancuzca que imita el cuerpecito de un bebé, se agita sobre el colchón, retorciéndose, con una cabeza serosa sin ojos ni boca, y unos muñones en lugar de brazos y piernas.
Mari Rose ahoga un aullido de terror.
La cosa se retuerce y un gemido antinatural brota de su interior... Repta …

Bocaditos de Suspense: «La prueba del sueño»

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—...Las pruebas aún no son concluyentes, señorita Davenport. Habrá que esperar a finalizarlas antes de sacar conclusiones.
—Pero... ¿no sale nada? ¿No han visto nada extraño? Es decir... Estoy segura de que cuando duermo no descanso, si no... ¿por qué me encuentro tan mal?
—Habrá que esperar, señorita Davenport —insiste el doctor. Emily se desespera. Ya han pasado cinco noches, y según el médico, deberá dormir otras tres en el Hospital del Sueño antes de dictaminar si sufre algún trastorno del sueño o no—... Tres noches más y podré darle un diagnóstico.
—Pero hasta ahora...
—Hasta ahora, todo es normal.
Emily deja caer los hombros. Está desesperada. Siente que sus piernas son de plomo, que sus brazos se niegan a moverse, que su mente está abotargada... Es incapaz de pensar, de concentrarse, no tiene deseos de hacer nada, salvo dormir...
El doctor se marcha y la deja a solas. Al poco aparece la enfermera y comienza el ritual de cada noche. Le coloca los electrodos, la conecta a la máq…

Bocaditos de Suspense: «Quiero jugar»

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—...suma y sigue —murmura Yvette. Saca la lengua mientras termina su hoja de cálculos, sentada en la terraza del jardín—... y me llevo dos...
—¿Qué haces?
Yvette levanta la cabeza y mira alrededor, pero su mente aún tarda unos instantes en despegarse de sus ejercicios y romper su concentración. A su lado hay una niña. No la conoce. Es muy extraña y está pálida. Tiene una boca grande, muy grande, de labios rojos y finos.
—...hago mis deberes —responde con timidez.
—¿Quieres jugar?
—¿Jugar? ¿A qué?
La niña agita su cabecita, y se sacude su larga melena negra, bastante despeinada. De ella brota un olor a tierra mojada, a hierba y a musgo. Un olor un tanto rancio. A Yvette no le gusta.
—No preguntes, juega y ya está. Quiero jugar...
—Creo que no, prefiero hacer mis deberes.
La horrible niña extiende una mano, es menuda y frágil. Hay una flor muerta en ella.
—Cógela.
Yvette duda, pero no ve nada malo en hacerle caso.
—Ahora cómetela.
—...por qué iba a hacer eso...
—Es el juego. Cómetela..…

Bocaditos de Suspense: «El abuelo»

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—¿Qué haces en la cama todo el día, abuelo?
—Morirme —siempre tan hosco—. Ya te estás largando, no me estorbes que estoy concentrado.
—¿Concentrado en qué?
—¡En morirme, tarugo! —gruñe—. ¿Es que no lo ves?
Está boca arriba, mirando al techo con los ojos cerrados, y las manos enlazadas sobre el pecho, tal y como le colocarían de estar muerto de verdad.
Su nieto de siete años le mira con estupor, pero no se atreve a decir nada más. Sale de la habitación, cierra la puerta con cuidado, y corre a avisar a su madre.
Al cabo de un rato vuelve con ella a ver qué pasa. Luca la agarra de la mano, muy preocupado. Cuando entran en la habitación, el abuelo ya no está. La cama está hecha y el cuarto ordenado y limpio.
Luca alza el rostro hacia su madre, buscando una explicación, pero ella tampoco sabe a dónde ha ido el anciano. A sus noventa y tres años, está cada vez más irritable y extraño.
Se acercan a la ventana y miran hacia el jardín. Le ven escarbando en el suelo. Está a cuatro patas, y ya …

Bocaditos de Suspense: «El señor Dogherty»

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El señor Dogherty aguarda paciente a que el sol baje en el horizonte. Apoya su escopeta en la tarima de madera de su porche, y el viejo Poup dormita a sus pies, tan viejo como él, tan gastado, igual de escamado ante la vida, que ya no le sorprende.
Faltan apenas quince minutos para que el sol de julio se oculte detrás de las lejanas colinas del valle. Cuando eso suceda, y la noche extienda sus sombras sobre la granja, estará preparado.
Suele aparecer desde el norte.
Esta vez le espera, en vez de esconderse.
Dogherty masca tabaco mientras otea el bosque circundante, en busca de algún indicio, algún movimiento...
Poup alza la cabeza y sus orejas se orientan hacia delante, los ojos aún vivaces fijos en algún punto distante... Dogherty se prepara.
Empuña la escopeta son sus nudosas manos... se tensa, atento a lo que está por llegar.
Los últimos rayos de sol desaparecen en cuanto éste se esconde definitivamente tras las colinas; el cielo se tiñe de rojo.
El viejo Dogherty se inclina hacia…

Bocaditos de Suspense: «Tickets para todo»

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—Como le he dicho, tiene que esperar al final de la cola...
—Pero es que ya he comprado el tíquet online, ¡se supone que eso me iba a ahorrar la cola! ¡No aguanto más!
—Por favor, ¿quiere apartarse para que pueda atender a otras personas?
Miro al hombre de la taquilla sin poder creer lo que está pasando... ¿Se está riendo de mí? Desde luego... Sólo que yo no tengo paciencia, nunca la he tenido. Me revientan estas cosas...
—...no me diga que me aparte, si sabe lo que le conviene...
—Oiga, ¿voy a tener que llamar a seguridad?
—Llame si quiere, me importa un rábano... De hecho, o me deja pasar, o le reviento esa cara de gilipollas que tiene, y me va a dar igual lo que pueda pasar después, ¿me sigue?
—Apártese, por favor...
—Oiga, ¿por qué no le deja trabajar? —dice una señora que tengo detrás—. Que los demás también queremos pasar, ¡no te jode!
—¿A que le reviento la cabeza a usted también?
—Tú que me vas a reventar, si no mides ni medio metro, ¡enano de mierda!
Silencio... La fila ente…