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Mañanas tristes

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A veces te despiertas una mañana, así, sin más, con el corazón encogido por alguna suerte de pena que no acabas de identificar, y tus pies se arrastran por el pasillo y el café se te antoja frío y la ropa te escuece, y los ojos te bailan frente al espejo mientras te preguntas qué pasa...
Como si un rayo cósmico cabrón se hubiera colado entre tus sábanas y te hubiera robado la sonrisa; como si el universo entero se hubiese comprimido en tu corazón con todo el dolor y el mal infinitos... y no pudieras contener tanta miseria...
Y querrías llorar lágrimas de amargura que aliviaran la presión, pero en vez de eso sales como cada día y tratas de ser la de siempre.
Y casi lo consigues... CASI.
Porque aunque te parece que haces, dices y piensas como sueles... en realidad caminas aislada y tus ojos no ven, y tu boca no sabe hablar de verdad, y tus manos han perdido sensibilidad.
Esas mañanas son para el cajón desastre, yo suelo embalsamarlas y dejarlas en cuarentena hasta que ya no son peligros…

La Espera

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Aún no he encontrado respuestas. La lluvia barre el asfalto y embarra mis seis metros cuadrados de espacio vital, el reducto oscuro y aislado en el que me oculto del mundo y de algo más.
Siempre me ha gustado la lluvia, pero ahora, sentada en la puerta de mi furgoneta, con una taza de café en las manos, observo cómo lo cambia todo.
Incluso yo, yo en esta nada, debo ser parte del paisaje borroso de una tarde de otoño; incluso yo, que no soy nadie, que vivo al margen de todo y que apenas salgo de mi caparazón… debo ser parte de esta lluvia, de la humedad, de los árboles que me rodean… Incluso yo debo de existir, en este equilibrio caótico que es la vida.
Incluso aunque no me sienta parte de ella. Aunque algo desgarre mi corazón desde dentro, robándome la sonrisa.
No voy a llorar, no es mi estilo. Prefiero dejar pasar las horas. El tiempo resbala por mi piel, mientras la humedad se posa en ella y la vuelve pegajosa. No lo noto, pero sé que pasa, y no me importa no sentirlo.
El tiempo me …
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Si vas a envolverte de rígida cordura, de normas y obligaciones, es mejor que te desprendas por un rato de tus sueños...
Si vas a vestirte de rutina, quizás deberías guardar tu imaginación donde no te distraiga ni se desborde de añoranzas...
si vas a perder las llaves de tu corazón, quédate en esa plaza gris, donde no hay ecos de otras voces que te atraigan, ni emociones, ni riesgos...
Quédate en esa playa de guijarros oscuros, sin oleaje, ni horizonte, ni promesas, ni proyectos...
Quédate sentada y acúnate sin lágrimas, y recuerda, recuerda... que el precio a pagar es tu alma.
Maite R. Ochotorena


Atravesar esa tormenta

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Volar y adueñarme de este cielo encapotado que esconde mi sueños…
Volar y desplegar al viento este anhelo retenido tanto tiempo… por ser yo esta vez, por una vez…
Volar y desterrar mi pasividad, el yermo patio de sueños donde no corre la tinta ni crece el espíritu, donde se adormece el corazón y se empequeñece la ilusión.
Volar y atravesar esa tormenta plagada de destellos, fogonazos que dan miedo, y recorren mi cielo, atravesando mi coraje, tanto tiempo resquebrajado.
Volar y beber de la lluvia, volar y abrir los ojos, desprovistos de velos esta vez, listos para mirar de nuevo, listos para mirar y ver…
Esta vez sé a dónde voy.
Volar, y extender mis esperanzas más allá de ese encierro, del gris recuerdo de ese yo apelmazado que se descomponía entre páginas sin texto ni fotografías de vida.
Volar y saborear el remolino que me sostiene ahora que me elevo más allá del silencio, hacia la comprensión y el perdón.
Volar, y mirarme directamente en el espejo de este universo que es mi alma, t…

Los sueños se fraguan en el corazón

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En la penumbra de este sueño que es la vida, me siento agradecida, pese a las sombras que aún guardo en el cajón.
En la quietud de este instante reservado al tiempo, me pregunto dónde está el sentido de cualquier herida, dónde la muerte de cualquier inocencia.
A este lado de la calle no hay color, se duerme en mi regazo y yo suspiro pensando en todo lo que fui... sin sentirme más viva que antes, ni más importante, ni más consecuente, o consciente de quién soy... a pesar de esa mirada que me devuelve el espejo por las mañanas.
Sentada en este rincón apacible, jugueteo con la idea de haber perdido toda noción real de las cosas. Me siento surcada por ese viento helado, terco y zalamero... Fuera de mí... no hay espacio. En este cielo estrellado tampoco hay lugar para otras cosas que no sean las estrellas, es mentira que albergue sueños, los sueños no se fraguan en el universo, surgen en el corazón, se moldean al ritmo de sus latidos y se desenvuelven como un regalo cuando el mundo se refl…

Relato: La Doncella

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La enfermedad había hecho mella en la anciana señora Doobelt. Postrada en cama desde hacía una semana, apenas comía, ni hablaba, ni era consciente de lo que sucedía alrededor. Su rostro, normalmente bondadoso y lleno de vida, se veía ahora amojamado en una funesta máscara macilenta, con la piel surcada de profundas arrugas, las mejillas hundidas y los párpados violáceos. El tiempo se había detenido en ella, y su hálito marchito colgaba de sus labios, apenas un soplo de vida, ni perceptible ni constante.
La sencilla alcoba a la cual la habían trasladado por orden del médico de la familia, estaba en la planta baja de su residencia, mucho más accesible para los criados que su dormitorio habitual, en el ala oeste, fácil de ventilar gracias a sus amplios ventanales, y de calentar, gracias a su vetusta chimenea de mármol. El servicio iba y venía, atareado entre sus quehaceres diarios y la atención a la enferma, pero era sobre todo el doctor Gardiner quien vigilaba su evolución. Aparecía a l…

Book-Trailer para este verano...

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