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Mostrando entradas de 2008

«El Sueño del Asesino», otro relato de suspense

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La noche llegaba, era el tugurio de sus más abyectas reflexiones, el espacio desconocido donde deleitaba la mente. Solía buscar un espejo, y se entretenía sondeando indiferente esas pupilas negras que le devolvían la mirada en su reflejo, buscando en ellas un atisbo de aquella marea de ensueño ciego que dominaba su destino. La respuesta era siempre el vacío. Era atractivo, rezumaba carisma y engañaba con su aspecto soberbio…. una apariencia que ocultaba el reino de pesadilla que llevaba dentro. La noche aguardaba, ajena a su perversión. Repasó su cabello con una mano perfecta, observó su imagen en el reflejo… distraído por sus negros pensamientos. Notaba ya el sabor del futuro, cuando abrazado a su embeleso enfermo, dejara salir al Verdugo… el ejecutor de un sueño muerto. Compuso su ropa, aspiró el aire quieto de la guarida sombría en que pasaba los días, fuerte amurallado de su yo auténtico… y cogió un cuchillo afilado. Pasó los dedos largos por el borde cortante… De inmediato la pri…

La Mentira

Lánguida se estremece la lengua cuando miente. Es el anfiteatro del invento, la versión postergada de una vida imaginada, el cuento sin cuentos del retoño enardecido y el ego que oscurece el alma. Lánguida se descuelga en nuestra mente, la mentira se crece, se retuerce… Lánguida y perezosa, descarnada en su desnuda postura, zalamera y persistente. Se mece en el devaneo y hiere. Más profundo que una daga, más ardiente que el más candente hierro al rojo, marca con dientes de sable la mentira, deja una huella eterna de su lengua viperina. Lánguida y candente, perenne en el intento, avanza y retrocede. Amante hechicera se divierte en el ingenio, tiende la trampa del veneno de palabras, hiel de tono siniestro, susurro de sombras y rincones secretos. Lánguida se estremece la lengua cuando miente…
Maite R. Ochotorena

La Ventana

El paisaje se abrió ante ella como una extensión amarga de su angustia, trazado de secas montañas y de dudas; un cielo carmesí preñado de pasional recelo, nubes vacuas de tormentoso hechizo, caminos sin destino, un río de agua dulce vestido de esperanza… pero tendidos los puentes sin que nadie los cruzara a aquella hora temprana. Parpadeó indecisa. Algunas lágrimas arrebatadas a su alma escaparon en desilusionada carrera… Fueron a perderse en la distancia de aquel abismo artificial levantado sobre el asfalto ceniciento, en una ciudad cualquiera, una mañana cualquiera. Ella era una mujer anónima, abandonada en sueños, sola en aquel cínico mar de vidas entretejidas en una broma sin sentido, sola en aquella habitación con vistas al cuadro de su vida. Qué gris se le antojaba aquella visión breve enmarcada entre gasas; era una lejana versión de una pesadilla en la que acababa de despertar. Cerró de nuevo los ojos, húmedos de plegarias, y murmuró en voz baja para despertar, al abrirlos, en …

El Ángel Nocturno

Camina y no camina, se desplaza como en sueños, es un ángel nocturno, una sombra difusa, hermoso heraldo de promesas y susurros. Vuela sin tocar el suelo, apenas roza las hojas del sendero, apenas esboza su rastro un leve suspiro, apenas se le oye mientras cruza el bosque entero.
Camina y no camina, encendidos los ojos bellos, pálido el rostro sereno, largas las manos finas, largos los cabellos. Es un ángel hermoso, una visión difusa confundida entre las sombras, un pálpito extraño, un aleteo fresco… Cruza el bosque sinuoso el ángel luminoso.
Camina y no camina, camina sin rozar el suelo, vuela mecido por el viento; pasa dejando tras de sí un hálito fresco, un recuerdo imperecedero. Es el ángel nocturno, hermoso como un lucero, señor del ensueño, hechicero del pensamiento. Camina y no camina, se deja llevar… bosque adentro.
Maite R. Ochotorena

Tarde de Espejos

El tiempo se ha detenido. Le gusta demorarse en el impás eterno de la espera, allí donde mi voz o mi pensamiento no encuentran hueco para el debate, ni mi existencia puede pintar nuevos trazos, ni mis anhelos encontrar sosiego, ni mi espíritu su imagen en este espejo. Se ha quedado inerte, sin aire, sin horas, sin segundos, sin ruido, sin un antes ni un después, reflejado en mis ojos, desafiante desde esa imagen sin líneas, aquietada en la superficie líquida en que me miro: el espejo. Es tarde, o es temprano, o ya nada importa, o es que me miro y no me encuentro, o es que busco a tientas y no lo veo. ¿Es ese paréntesis que observo un vacío en el que me pierdo? Si extiendo la mano y rozo con los dedos ese suave perfil inverso, de imitada textura fría, de huera visión sin sentido, distante y perfecta, anónima e inhumana como la versión inanimada de mi presencia… Se mueve, pero no habla, no tiene voluntad, es una imitación burda de mi realidad atrapada en ese espacio sin pasado, sin pres…

La Agenda del Día

La agenda del día comienza al despertar la mente del letargo nocturno, cuando las ideas toman forma y los objetos se definen alrededor, alejándose la bruma perezosa y el abotargado aturdimiento de los sentidos. En ese instante privilegiado en que uno toma conciencia de la realidad y de sí mismo, parece necesario centrarse en echar mano de la cara positiva, para afrontar el mundo y la vida con todas las armas de que uno dispone, de la mejor forma posible: siendo honesto, honrado, leal, capaz y generoso. Ardua tarea, cuyo éxito final se me antoja, muchas veces, ilusorio.
Al instante acuden en tropel toda una algarabía de excusas, recuerdos molestos, inquietudes y miedos, todos los recursos negativos que emponzoñan la página en blanco de mi agenda perfecta e inmaculada. Cada mañana afronto la misma batalla. Optimismo contra pesimismo, esperanza contra derrota y apatía, un sinfín de detalles que complican una ecuación en apariencia tan sencilla, la de salir a la calle y hacer de ese nuevo…

Quizás Mañana

Son las siete y cincuenta y nueve, lo marca el reloj y me lo dice la memoria, que recela de mi desvelo y parece querer empujar la aguja para que den las ocho. Yo espero. Me entretengo, suspiro, miro el espejo, me veo, un triste reflejo hecho de esperanza, de ilusión, de sueños y ansiedades… Puede que sea hoy. Mi reloj de pulsera marca ya las ocho en punto, la hora del embrujo, cuando abro la puerta, salgo al pasillo, bajo las escaleras… y me cruzo contigo. Es un instante eterno, mansamente arremolinado en mi cerebro; el momento preciso en que nuestros cuerpos se rozan al pasar; cuando tú me miras sin conocerme, sonríes sin quererlo; cuando el perfume de tu pelo me embriaga los sentidos; cuando de reojo espías mi figura preguntándote dónde me habías visto… Puede que sea hoy. Puede, pero el instante pasa. Tú te alejas pasillo adelante, yo continúo, percibiendo el aire tras de ti, vacío de ti, lleno de tu paso a mi lado. Y me arrepiento. Porque no te he saludado, porque no te he parado, …

No Tengo Palabras

No tengo palabras. Se me enciende el alma de escuchar tanto silencio, de ver tanta ceguera, de sentir tanta insensibilidad, cuando el mundo se llena de colores, de gritos, de llanto, de risa, de placeres y penas… cuando la vida se tiñe constantemente de arcoiris, de luto o de blanco puro, de mil matices espléndidos, de tantas voces al unísono, agudas o graves, con algo o sin nada que decir.
No puedo expresarme cuando fuera de mí hay tanto… tanto que me aturde la palabra, hiere mis sentidos, me ciega el paladar, retiene mi mano, …que vacila. Es la vida una pletórica sucesión de angustia y esperanza, de marchita existencia y floreciente futuro, un sinfín de lienzos espléndidos acordonados con ese delicado hilo… tan frágil, tan fuerte, tan efímero como un suspiro. El hilo de la vida, la vida que contemplo, que aspiro, que expiro, que me rodea, que te engalana, nos tienta y confunde, nos sonríe…
No tengo palabras. Se me enciende el alma de ver tanta ceguera, tanto sordo, tanto insensible……

El Campanario

Ha reventado de aullidos la torre, aullidos de hierro forjado. Truena el martillo histérico, truena el martillo hiriente, indemne a través de los siglos… Del martillo es la voz que hiere el aire, que extiende el reclamo desde el alto campanario… que extiende su mando en el amanecer temprano.
Es la voz aguda, es la voz perenne, el eco fantástico que tañe sobre el mundo; el eco impasible que doblega el ánimo. Esa voz golpea, se vierte de sombras, se agita en su cárcel, y bate… bate palmas de hierro al ritmo del que las tañe.
Revienta a los cuatro vientos, es el clamor inquieto, ora airoso, ora fúnebre… ora alegre, ora del pesar heraldo… Revienta en todas direcciones, desde lo alto de la torre… hasta el vasto escenario que de sus ecos se recorre.
Del recuerdo de la tierra tendida bajo su mando, se desprende el rubor del mundo que nunca olvidó el triunfo de su orgullo; cuando se alza su voz retumban los campos, retumba el cielo, se viste el mundo… al son de su mandato.
©2008 Maite R. Ocho…

El Rubor del Mundo

Cuando amanece el cielo se tiñe… de fulgores sonrojados; despliega el tímido albor mil velos sutiles de colorido manto. Cuando amanece despliega el llanto, de la tierra dormida, la voz del quebranto, susurros que ventean, que de su encanto se viste… y engalana, como si quisiera gastarse… de suspiros regalados.
Luego, al mediodía, del cerco abrasador se aparta el sol, deslumbrado por el rubor, el rubor que el viento sureño le arrancó en sueños; el rubor tentado… de la tarde que llega sin prisa, vestida de engaños.
Deja paso la luz del mediodía al plácido candor tardío, cuando los pastos verdes se rinden al viento vespertino, bailando la danza acunada de remansos y de flores.
Cuando anochece el cielo despliega su encanto… De las montañas lejanas, del lejano sueño pintado, se vierten sigilos y sombras, sus secretos enterrados… Es el rumor nocturno, el arrullo del mundo, que se esconde sonrojado, teñido del rubor anochecido… tendido y ya dormido. Es el clamor rendido de amaneceres y atar…

Cita con la Muerte

Tiene una cita temprana con la muerte, ha llegado imprevista, sacude inclemente. No esperaba sentirla de cerca, no esperaba vivirla, esperaba esquivarla como se esquiva el viento, un soplo ajeno que pasa de largo... Tiene una cita con la muerte, es su injusto gesto una mueca macabra, una máscara pálida que cubre ese rostro, el rostro amado de un hermano, el rostro añorado ya nunca encontrado. Acuna en sus brazos la cáscara inerte, el cuerpo sin vida del que una vez fue amigo, los restos sangrantes del que será llorado. Acuna en sus brazos el llanto angustiado, el mudo cúmulo de recuerdos atesorados. Acuna en sus brazos la duda hiriente, la muda pregunta que aturde su mente… mientras se pregunta el por qué de su muerte, el sentido que impulsa la mano asesina cuyo rápida cólera le ha robado al que quiere… Es ésta una cita imprevista, una cita injusta con la muerte, sacude inclemente, sacude inclemente.
© 2008 Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.

La Voz del Miedo

El tic-tac del reloj, el trémulo discurrir del tiempo entre las sombras del miedo. El frenesí ahogado que acogota el resuello; la vista nublada que enturbia la mente… se lleva el coraje, entierra el valor, destierra la voz de mando cuando bate el tambor en el pecho. El tic-tac del reloj, ese constante latido que rasga el silencio, el vértigo ante uno mismo, como si, al asomarnos sobre el abismo, el miedo tomara forma; como si el reflejo de nuestra angustia fuese el grito que nos acalora… perpetuo en el tiempo, prolongado y desmedido. El tic-tac del miedo, la voz que aplasta el pensamiento, la voz que aúlla en el intelecto, la voz desprendida que agita el alma de horrores inciertos… es la voz de nuestros miedos. La voz que nos domina… cuando no lo queremos.
© 2008. Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.

La Letra Disfrazada

Una letra arrancada de cuajo del papel, rasgada la palabra en jirones de desarraigo, soledad e incomprensión. Una letra impregnada de odio, alejada e intoxicada, es la voz amenazante, es el susurro en la sombra. Una letra, un garabato, la firma latente del anónimo perseguidor, el que denosta el tiempo y el pensamiento libre. Una letra arrancada a gritos, el clamor indescriptible del inmaduro. Una letra incapaz, una letra atravesada de mentiras, de obtusa ceguera, disfrazada y zalamera. Se esconde tras el esplendor del erudito orador, pero es el sonsonete del tirano que bebe del necesitado.
Maite R. Ochotorena

El Desierto

El aire calmo en la frontera de arena; el aire reseco, el polvo prístino que enturbia, patina sobre el duro muro de las edades; se abre el paisaje castigado, sediento, abierto el desierto de dunas ondulantes. La ráfaga se arrastra, ventea; lame las curvas heridas de castigadas huellas, se expande de huera mirada cuando en el cielo se mira; la ráfaga es ráfaga y es aire calmado, es la voz de la tormenta, el murmullo del ocaso; en el desierto es el alma cambiante que dibuja el paisaje, la mano sin dueño, voluntarioso heraldo de eternas dunas sin ayer… sin mañana.
Maite R. Ochotorena

Tu Voz en el Arroyo

Viste el arroyo tu voz entre las rocas, se viste de cristales dorados al clamor de tus caricias.
Viste de amor la seda que fluye, recorre de anhelos que enturbian su cauce.
Visten las aguas el amor bajo las piedras, visten de dorados reflejos la voz de tu presencia.
© 2008 Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.

Luna

Luna vertida de amores sentidos,
luna vacía de reflejo cohibido;
luna y estrellas se hieren de frío,
el frío lamento en la noche perdido…
el frío en el cielo sin luna dormido.

© 2008 Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados

La Sombra del Engaño

Se cierne la sombra, se priva el sentido, cuentan tus manos anillos de humo. Cuentan tus dedos lazos perdidos, es la palabra oculta el clamor del engaño, es la quebrada mentira que ya he comprendido.
© 2008 Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.

El Sueño y la Brisa

Ella duerme el sueño manso, el rostro sereno, los ojos cerrados; hunde el semblante en mullido algodón, perfumado de rosas el suave olor que envuelve en las manos; tiene el cuerpo tendido, el cabello esparcido de sol reflejado; duerme arrebolada, el rostro sereno, los ojos cerrados… Duerme serena y plácida, cuando la brisa llega, ligero el soplo con que se alienta; llega y la cubre a ella, de besos frescos, de caricias tiernas… Es la brisa de primavera, que arrastra el sol, revolotea… Se ha enamorado de ella, del rostro sereno, del cuerpo abrazado. Ella duerme al sol temprano, los labios rojos, el rostro velado; la brisa se enreda en ella, quiere besarla, robarle el aliento… ser el perfume que la embelesa. Ella duerme arrebolada, el rostro sereno los ojos cerrados; hunde el semblante en mullido algodón, perfumada de rosas la suave brisa que envuelve en las manos; tiene el cuerpo tendido, el cabello esparcido, de dulces caricias todo enredado; duerme arrebolada, el rostro sereno, los o…

Campos Dormidos

Es el campo extendido en la mirada el rojo atardecer mecido por el viento; es la línea contra el cielo de dorado trigo vespertino, la ondulante y cambiante marea de ensueño que aturde los sentidos. Se tiende en el reposo, murmura en el ocaso, la voz del agua se vierte de rocío volátil en el aire somnoliento. Es el campo eterno el cuadro caprichoso de los sentidos; es el fútil enredo de miradas y suspiros, cuando la mirada se pierde en la magia errante de caminos serpenteantes, cuando la voz del mundo revela el secreto anochecido del corazón exaltado, cuando el pálpito hechizado roba el sentido. Es el campo dormido, cuando la noche se recuesta plácida en su seno cálido de estrellas, cuando enmudece el rocío. Es el campo adormecido.
© 2008. Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.

Rompe y Rasga

Rompe y rasga el temprano castigo. De la hiriente burla se desprende el eco, aborrecido en el recuerdo; de la lengua falsa se vierte el veneno en el corazón, el dolor en la memoria, impronta tendida del pasado hacia el destino. Cae el celo traicionero del injusto, se vela su palabra, la mentira en la mirada, falsa la mano tendida del amigo añorado, el enemigo. Rompe y rasga… Rompe y rasga, mudo el hablador, ambigua la palabra. Rompe y rasga, aún te espero, aún te justifico. Rompe y rasga en el olvido.
© 2008. Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.

La Palabra Herida

No es la memoria en la perdida justificación, no es la respuesta en la medida de los sueños, es la impronta del destino en cada frase, el martillo justiciero del verbo mancillado, el rasgado trazo de la palabra herida. Es el péndulo amado del pensamiento hilado, la magia del hechizo elaborado, el deseo descrito de colinas bajo el cielo, de cuadros vívidos en el lienzo, es la promesa hilvanada del deseo hecho letra, cada línea amada, sentida, descrita… No es la memoria justificada en la excusa del olvido, no es la pregunta en la impoluta inspiración, es el rasgo perfecto del alma en cada verso, la emulación del espíritu en el gesto atrevido, de cada palabra el embeleso.
© 2008. Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.

Dulce Veneno

Un murmullo me azota, amor, hiere brutal entre las olas que aturden, oprime el alma de tormento, me reclama. Es un grito ahora, amor, un lamento angustioso de lágrimas repleto, oprime el alma de tormento, me reclama. Es suspiro, es desgarro, amor, siento el alma candente por dentro. Oprime el alma, el corazón, me arrebata, me reclama… Desfallezco, por ti, amor, eres el dulce veneno que me hace esclava… de lo que siento.
© 2008. Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.

Amor Robado

Al amanecer recordó que ya era tarde. Se pasó las horas muertas contando el tiempo en su reloj, se tumbó en el antepecho de su amor robado, segura de haber hallado la flor embriagadora que tanto había soñado. Al atardecer recordó que aún era pronto. Se pasó las horas lánguidas contando los suspiros, se sentó de espaldas al sueño del ayer, cuando aún retenía en sus brazos la flor embriagadora de esos besos que tanto había buscado. Al anochecer supo que era el momento. Se pasó las horas nocturnas entre flores de embeleso, entregada al amor robado, segura de haber hallado lo que tanto había soñado.
© 2008. Maite R. Ochotorena. Todos los Derechos Reservados.

Cuando Pienso en Ti

Del sabor de tus besos guardo el anhelo en los labios, de tu ausencia en la palabra se desvanece la memoria, de cada pensamiento vuela el pálpito lánguido, cuando ya no queda más llanto, cuando siento que sin ti la vida suspira en mi pecho.
Cuando pienso en ti, mi vida, desfallece el amor, pierdo el sentido, el casual pálpito que aún sostengo en mi corazón marchito.
Cuando pienso en ti, mi vida, desfallece el amor, el amor que se me escapa, la oportunidad que nunca tuve, el deseo compartido de un sueño sin destino.
Del sabor de tus besos soñados, de tu presencia imaginada, de tu mirada deseada, de cada palabra tuya, de cada verso insinuado, guardo la promesa eternamente enajenada. Se desvanece la esperanza, cuando ya no queda más llanto, cuando siento que sin ti, amor mío, la vida suspira en mi pecho.
Cuando pienso en ti, mi vida, desfallece el amor, es el amor negado, el que jamás tendré, el que soñé una vez. Un sueño sin destino…
© 2008. Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reser…

La Noche

La noche abriga ensoñadora el subconsciente, se alía de sombras difusas que estorban la mente. La noche se desgarra de estrellas… vela el horizonte la luna llena, cuyo pálido resplandor refleja el agua quieta. La noche acude y se destapa, la noche escucha el secreto en el silencio, del firmamento eterno que tiende su manto, recoge la tarde en su regazo.

© 2008. Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.

Es la Pena

Qué amarga es la pena que el corazón ahoga, qué ingrata cuando al brotar no arranca el lamento oculto en el pensamiento. Qué amargo sabor el del llanto atado que de la voz es heraldo en el pecho quebrado. Quisiera yo desgarrar el cielo de estrellas, dejarlo negro… como el negro sentir de mi tormento; quisiera yo alcanzar el sol para abatirlo, sesgar las nubes del firmamento, robar la luna, encadenar el viento. Si del mundo la luz fuese la llama encendida que amanece, sea yo el oscuro pesar que todas las sombras oscurece, sea mi llanto el clamor que abate, mi pena grande el martillo celoso de mis embates.
© 2008. Maite R. Ochotorena. Todos los derecha reservados.

El Tiempo

Quiere la voz del tiempo consumir todo el velamen, el velamen de cordura que aún conserva; quiere con ese tono emular su canción cuando la cante, degustar el placer de verter todo el coraje que en el vívido infinito mantiene preso por ser cobarde.
Quiere el tiempo cruzar una lábil línea entre la razón y el ensueño, arrebatar lo arrebatable, depurar lo perdurable, combatir el impasible transcurrir del mundo en sus embates; quiere el devaneo con la arena del reloj pasivo ser la letra de su canción, el luto del muro abierto que jamás podrá abatir su paso, tan lento.

©2008. Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.

Tengo el Recuerdo

Tengo en este tacto perfecto el recuerdo maravillado de tus anhelos distanciados; tengo en el quieto silencio el aura perfecta del susurro murmurado; veo en la oscura noche el espléndido manto de tu costado, el cómplice de mi amor arrodillado en tu regazo. Es la penumbra el regalo esperado de tu corazón anhelado, el pálpito cálido que de tus manos he robado.
Tengo en este tacto perfecto la línea del tiempo grabada a fuego lento, el albor de nuestro encuentro con rúbricas antiguas tallado en el sentido desbordado. Es éste el viaje a la memoria, de tus huellas el postrado lamento, de tu íntimo abrazo el rencor abandonado.


© 2008 Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.

Cada Paso

Cada detalle cuenta. Por eso él se detiene, vacila, retrocede y vuelve a andar lo desandado. Cada gota de pensamiento le retiene, ésa inflexión en el tiempo complica su equipaje de dolor, de resentimiento, de amor y escaso coraje. Es el péndulo desarmado de su conciencia arrebatada, es la marea ciega de su innecesario devaneo en la penumbra, un paseo por el embelesado coqueteo, el ardor del pensamiento. Muere una vez y otra, nada le retiene, muere porque ya nada consume su tiempo olvidado, de mesura y sosiego, de placeres remendados. Es hoy ese día en que sus andares desencaminados le hieren de imposturas, capturan su ciego retrato, es hoy ese día en que tortura el intelecto con el raciocinio muerto, el dardo en el pecho. Es la marea longeva en el regazo, el beso ardiente y contenido de mil clamores barnizado, es la ternura de un abrazo en esos ojos olvidado. Da un paso más, ya está más cerca, quizás sea hoy ese día en que al fin le parezca posible el encuentro fortuito, el sincero r…

Volver a ver el Cielo

Qué fácil es ignorar y ser ignorado, qué fácil reclamar atención, gritar más que otros, jugar a ser más y por ello caer siendo menos. Qué fácil repasar la conciencia ajena, hablar sin escuchar, esperar que el otro acabe para poder así volver a ser el primero en nuestro eterno parloteo mundano… Hemos olvidado cómo se mira, cómo se escucha, cómo se siente, ya no vemos el mundo que nos rodea, nos hemos olvidado de él, hemos olvidado las estrellas allá en el cielo, cegados por las luces artificiales del cemento. Echo de menos sentarme junto al amigo y leer en su gesto, entrever su pensamiento, sin que medie una palabra, sólo el entendimiento, volver a ver en sus ojos, en sus manos, entresacar de su silencio; echo de menos oír lo que dice su corazón a través de las palabras, la reflexión, la pausa, el interés sincero. Qué fácil es caminar sin mirar a otro lado, dejarse llevar, ahogar el verdadero pensamiento. Si de dejarse seducir por el vano impulso se desprende el lazo que une el verdade…

«El Príncipe en su Trono», un cuento poético

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Era un solitario entre el tumulto, incomprendido por todos, ignorado en cada rincón, invisible e insignificante. Era el más perdido de un mundo mágico pletórico de vida; mirara donde mirara sólo recibía indiferencia; de su sombra huidiza resultaba el reflejo imperfecto; de su voz, un eco pálido. Bastaba mirarle para ser olvidado, bastaba escucharle para distraerse… Tal era su destino. Parecía haber sido sellado.
Sin embargo no era dado a la melancolía. Dotado de un espíritu alegre solía reírse de su existencia gris, miraba el mundo a través de un cristal dorado, lo observaba todo, lo comprendía todo. Solía deleitarse contemplando las flores del lago abrirse cada mañana; suspiraba encantado cuando la brisa agitaba las frondosas ramas de los altos olmos y en su vuelo errático arrancaba las hojas marchitas para verterlas sobre la superficie cristalina en un remolino alocado; se emocionaba cada amanecer, cada atardecer, cada vez que asomaba la luna entre las nubes, con la danza de las luc…

«La Caja», un relato sobre el cambio

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Ana no se sentía segura de lo que estaba a punto de hacer. Era la vista desde donde se hallaba un océano infinito de olas remotas, como sus recuerdos; era la altura sobre la que se apoyaba vertiginosa. Como su inseguridad, como el precipicio de sus indecisiones. La brisa soplaba a su espalda, sibilante, de fresco sabor a mar, al salitre húmedo de la costa abierta a base de frenéticas pinceladas… La brisa ondulaba sus ropas, enredaba su cabello. Ana no lograba centrarse en lo que deseaba hacer.        –Adelante, no seas estúpida. Su voz fue la expresión de la duda en su pensamiento. Sin embargo había llegado hasta aquel acantilado, a pesar de esa duda perenne, apoyaba los pies desnudos sobre la negra roca, notaba sus afiladas aristas, recortadas contra el vacío que tanto la llamaba. Entre las manos trémulas, la caja. Ni demasiado grande, ni demasiado pequeña.       –Si lo hago, ya no habrá vuelta atrás –reflexionó en voz alta–. Si lo hago, puede que no me libre de ella. La brisa se tor…

Es la Lluvia

Agua se derrama desde el cielo turbulento, agua que se escapa, como un bálsamo… o un lamento. Siento la lluvia en mi cuerpo, alzo el rostro, saboreo. Siento la lluvia por dentro, es su abrazo el embeleso. Dulce fragancia de húmedas gotas, dulce sinfonía, el velo de ensueño que fascina. Dulce fragancia nocturna, es la lluvia, es ternura, es la pátina de mis sentidos… que se alejan, que maduran. Agua se derrama desde el cielo entre las nubes, agua que se escapa, de lo alto… tenue racimo de espejos. Siento su tacto en mi pelo, suave caricia al pensamiento. Dulce paseo de húmedos senderos, dulce el rumor que me prodiga, dulce fragancia dormida, la canción sentida… cuando me alejo.

© 2008 Maite R. Ochotorena. Todos los Derechos Reservados.

Las Olas del Destino

Las olas baten contra su destino, arremeten con blanca cadencia, impaciente y eterna; de esas olas brumosas surge el miedo nocturno, cuando la soledad acompaña en el silencio contenido, cuando el rumor de la muerte sobrevuela el grupo apiñado, se asoma a sus ojos, brillantes a la luz de la luna, abiertos por la duda, insomnes por el desamparo, insignificantes en el vasto océano cuya marea les aleja del pasado, hacia la incertidumbre…
Las olas golpean incansables. Elevan su frágil billete de ida hacia ninguna parte, agitan sueños, oraciones, revuelven el ánimo, alejan la seguridad del hogar, apartan la familia, el recuerdo de una vida sin futuro. Sus ojos miran sin ver hacia el horizonte, se clavan con empeño imaginado, en la prometida costa de un nuevo mundo. El océano ruge bajo sus pies, el frío hiere, el hambre muerde, la duda abre brecha en el corazón.
Las olas levantan, hunden, golpean… Ruge el mar embravecido, ahoga con su clamor el silencio sepulcral que les une a ellos en un mi…

Siempre Adelante

Esta mañana no tiene prisa. Camina despacio, pisa seguro sobre el asfalto gris del ayer, hacia el horizonte entre la niebla, una línea difusa entre la bruma, la barrera entre los recuerdos y los sueños. No distingue si el tiempo discurre a su favor, no puede, pero en el aire rociado de esperanza se aprecia el sabor de la promesa. Para él es suficiente. Camina despacio, saboreando cada huella en el asfalto. Marca las pisadas de forma premeditada, sin volver la vista atrás. Porque a su espalda sólo queda el ayer, las sombras de un pasado que jamás volverá. Ante él se abre un camino sin rumbo, abierto de libertades, el viento sopla y arrastra sus pensamientos hacia delante, siempre adelante.

Maite R. Ochotorena

Dejarte Ir

Tengo entre los dedos aún el tacto de los tuyos, tengo en mis labios el susurro perenne de tu nombre. Entre las cuerdas de esa guitarra el delirio de tus ojos, y en el aire aún flota tu perfume embriagado de nostalgia. Tengo en el alma grabado el recuerdo, en el corazón la impronta de tus besos, el tono de tu voz, tus abrazos, el eco de ti…
Es esta la penumbra de mis anhelos, el sombrío resto del ayer, cuando aún dabas sombra en mi ventana. Quiere la luz dibujar tu silueta, de la mirada arrebatarme tu imagen, de mis suspiros arrancar las dulces promesas, llevarse de ti la esencia pura.
Pero yo no quiero aún dejarte ir.
Quiere el sol de la mañana robar en mi interior el sentir de tus manos, colarse a hurtadillas, sortear mis sueños y llevarse de un soplo los restos de ti en mi memoria.
Pero yo no puedo aún dejarte ir.
Tengo entre los dedos hebras de tu compañía, el rasgo perfumado de la pasión contenida con que anoche nos amamos. Tengo en mi regazo el halo de belleza que supiste regala…

No Tiene Nada en las Manos

Tiene en sus manos la premura y ansiedad, el frío de las noches solas, el temor de la soledad. Vierten sus ojos mareas de nostalgia, palabras y reproches, sombras que tiñen el alma, vierten la súplica que encadena, imploran mudos de esperanzas marchitas.
Tiene en sus manos las llagas del ayer, las dudas del mañana, la triste certeza de no saber qué escurridiza sombra insinúa su destino en esa esquina lóbrega del corazón. Marchito, abatido, ése no es el coraje de su espíritu. La vergüenza nubla la súplica al tender la mano, la necesidad apremia y tiende los dedos, tiembla cuando llora a solas, en su esquina ruega por no caminar tan solo.
Ese niño guarda en las manos el flaco favor de la compasión, en sus huesos marcados la macabra sonrisa de la pobreza, en su inmadura soledad la desacompasada página de una eterna calle lluviosa. Marchito, abatido, ése no es el orgullo mutilado que le sostiene. Levanta la mirada sin ver, la lluvia de sus noches frías empapa sus días de apatía, el barro …

Taconea

Polvo en el tablao, rezuma poderío en cada poro de su piel, aguarda el rumor de ése, su gentío. Polvo silente, revive bajo el taconeo febril, repiqueteo cargado del sentir más ardiente. Taconea… Revuelo de la falda que se enreda entre las piernas; enlaza la gitana en su mirada el fulgor de la pasión, gira su cuerpo, voltea el alma, cede al hechizo y el tablao se agita, baña de genio vivo el escenario. Taconea…  Hiere el suelo con sus fieros zapatos, gira, salta, reclama el sentío, las palmas baten al son de su enloquecido baile. Taconea… Clava el alma, eleva el espíritu, llena el aire y voltea. Suspira, muerde con garra, el sudor resbala, la pasión quema el corazón, y bate palmas rugientes. No se detiene, revuelo de gasa carmesí, con cada giro se agita el cabello, ébano salvaje. Taconea la bailaora, gira sus muñecas, Taconea…

Maite R. Ochotorena