Las Olas del Destino

Las olas baten contra su destino, arremeten con blanca cadencia, impaciente y eterna; de esas olas brumosas surge el miedo nocturno, cuando la soledad acompaña en el silencio contenido, cuando el rumor de la muerte sobrevuela el grupo apiñado, se asoma a sus ojos, brillantes a la luz de la luna, abiertos por la duda, insomnes por el desamparo, insignificantes en el vasto océano cuya marea les aleja del pasado, hacia la incertidumbre…

Las olas golpean incansables. Elevan su frágil billete de ida hacia ninguna parte, agitan sueños, oraciones, revuelven el ánimo, alejan la seguridad del hogar, apartan la familia, el recuerdo de una vida sin futuro. Sus ojos miran sin ver hacia el horizonte, se clavan con empeño imaginado, en la prometida costa de un nuevo mundo. El océano ruge bajo sus pies, el frío hiere, el hambre muerde, la duda abre brecha en el corazón.

Las olas levantan, hunden, golpean… Ruge el mar embravecido, ahoga con su clamor el silencio sepulcral que les une a ellos en un mismo temor… El sueño de una misma esperanza se desvanece en la plegaria; el llanto de un bebé rasga la noche, la muerte sobrevuela el grupo apiñado, se prolonga en sus labios mudos, enreda el pensamiento, nubla el sentido…
Más allá de las olas está el sueño de un futuro.

Maite R. Ochotorena

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