El Campanario

Ha reventado de aullidos la torre,
aullidos de hierro forjado.
Truena el martillo histérico,
truena el martillo hiriente,
indemne a través de los siglos…
Del martillo es la voz que hiere el aire,
que extiende el reclamo
desde el alto campanario…
que extiende su mando
en el amanecer temprano.

Es la voz aguda,
es la voz perenne,
el eco fantástico
que tañe sobre el mundo;
el eco impasible
que doblega el ánimo.
Esa voz golpea,
se vierte de sombras,
se agita en su cárcel,
y bate…
bate palmas de hierro
al ritmo del que las tañe.

Revienta a los cuatro vientos,
es el clamor inquieto,
ora airoso,
ora fúnebre…
ora alegre,
ora del pesar heraldo…
Revienta en todas direcciones,
desde lo alto de la torre…
hasta el vasto escenario
que de sus ecos se recorre.

Del recuerdo de la tierra
tendida bajo su mando,
se desprende el rubor del mundo
que nunca olvidó
el triunfo de su orgullo;
cuando se alza su voz
retumban los campos,
retumba el cielo,
se viste el mundo…
al son de su mandato.

©2008 Maite R. Ochotorena. Todos los derechos reservados.

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