La Agenda del Día

La agenda del día comienza al despertar la mente del letargo nocturno, cuando las ideas toman forma y los objetos se definen alrededor, alejándose la bruma perezosa y el abotargado aturdimiento de los sentidos. En ese instante privilegiado en que uno toma conciencia de la realidad y de sí mismo, parece necesario centrarse en echar mano de la cara positiva, para afrontar el mundo y la vida con todas las armas de que uno dispone, de la mejor forma posible: siendo honesto, honrado, leal, capaz y generoso. Ardua tarea, cuyo éxito final se me antoja, muchas veces, ilusorio.

Al instante acuden en tropel toda una algarabía de excusas, recuerdos molestos, inquietudes y miedos, todos los recursos negativos que emponzoñan la página en blanco de mi agenda perfecta e inmaculada. Cada mañana afronto la misma batalla. Optimismo contra pesimismo, esperanza contra derrota y apatía, un sinfín de detalles que complican una ecuación en apariencia tan sencilla, la de salir a la calle y hacer de ese nuevo día un buen día. Hacer de cada día un presente mejor, del que atesorar una memoria imperecedera y grata que pinte el futuro como una sucesión de maravillosos días y el pasado como el recuerdo maravilloso de una sucesión de tesoros en el equilibrio justo que compensa el éxito y el fracaso de mi existencia.

No siempre me acuerdo de la agenda. A veces me levanto y salgo al mundo sin más, sin escudo, desprovista de proyectos o ilusiones, con la mirada perdida, desviada, agobiada por los fracasos del pasado y temerosa de los fracasos del futuro. En esos días me encomiendo al azar para que nada entorpezca mi camino. Pero la suerte no suele ser el mejor confidente, ni es leal, ni promete. Por eso ahora intento, antes de cruzar el umbral de mi casa y poner un pie en el presente… procuro, cada vez más, salir preparada, con los ojos bien abiertos y el espíritu dispuesto, con mi agenda de inquietudes y sueños bien llena de sonrisas, de entusiasmo, de esperanza y algo de comprensión, por si fracaso. Y si tropiezo, procuro tener un hueco previsto lleno de aliento y afecto.

Porque mi agenda es un diario que se sucede sin descanso y en el que no siempre escribo, porque se me olvida, porque dejo que el mundo me aturda. Es un diario que pese a mis silencios pasa las páginas, en blanco o no, hasta que llegue el final de mis días. Quiero que llegado el momento, al abrirla y repasar sus páginas, no haya muchas en blanco. Por eso cada vez más procuro llenar mi vida siendo consciente de que lo hago, para no perderme en el anodino discurrir del tiempo que tanto nos consume. Quiero llenar mi agenda y disfrutarla, de experiencias, de buenos momentos, de tesoros y de sueños.

Maite R. Ochotorena

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