No Tengo Palabras

No tengo palabras. Se me enciende el alma de escuchar tanto silencio, de ver tanta ceguera, de sentir tanta insensibilidad, cuando el mundo se llena de colores, de gritos, de llanto, de risa, de placeres y penas… cuando la vida se tiñe constantemente de arcoiris, de luto o de blanco puro, de mil matices espléndidos, de tantas voces al unísono, agudas o graves, con algo o sin nada que decir.

No puedo expresarme cuando fuera de mí hay tanto… tanto que me aturde la palabra, hiere mis sentidos, me ciega el paladar, retiene mi mano, …que vacila. Es la vida una pletórica sucesión de angustia y esperanza, de marchita existencia y floreciente futuro, un sinfín de lienzos espléndidos acordonados con ese delicado hilo… tan frágil, tan fuerte, tan efímero como un suspiro. El hilo de la vida, la vida que contemplo, que aspiro, que expiro, que me rodea, que te engalana, nos tienta y confunde, nos sonríe…

No tengo palabras. Se me enciende el alma de ver tanta ceguera, tanto sordo, tanto insensible… caminando por la vida sin pisar en ella, pasando por la vida sin detenerse a contemplarla, como fugaces rayos de sol pero sin su prístina belleza, vacuos corazones sin latidos, aplastados de temores, prejuicios, odio o desconfianza, ahogados de fría espera, como si esta maravilla que nos rodea fuese un velo descorrido en un escenario vacío, como si los hilos de sus almas se hubiesen roto quebrados por la muerte.

No tengo palabras pero quisiera anudar esos hilos, pintar sus vidas de mil colores, tender frente a sus pasos la esperanza y la alegría, borrar de sus ojos ese tapiz ciego que anula sus sentidos, para así mostrarles un mundo nuevo en el que quedarse, lleno de voces, de variopintas expresiones, donde la vista se empalague, donde escuchar sosiegue, donde sentir les llene…

Maite R. Ochotorena

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