Quizás Mañana

Son las siete y cincuenta y nueve, lo marca el reloj y me lo dice la memoria, que recela de mi desvelo y parece querer empujar la aguja para que den las ocho. Yo espero. Me entretengo, suspiro, miro el espejo, me veo, un triste reflejo hecho de esperanza, de ilusión, de sueños y ansiedades…
Puede que sea hoy.
Mi reloj de pulsera marca ya las ocho en punto, la hora del embrujo, cuando abro la puerta, salgo al pasillo, bajo las escaleras… y me cruzo contigo. Es un instante eterno, mansamente arremolinado en mi cerebro; el momento preciso en que nuestros cuerpos se rozan al pasar; cuando tú me miras sin conocerme, sonríes sin quererlo; cuando el perfume de tu pelo me embriaga los sentidos; cuando de reojo espías mi figura preguntándote dónde me habías visto…
Puede que sea hoy.
Puede, pero el instante pasa. Tú te alejas pasillo adelante, yo continúo, percibiendo el aire tras de ti, vacío de ti, lleno de tu paso a mi lado. Y me arrepiento. Porque no te he saludado, porque no te he parado, quisiera haberlo hecho, pero no he podido.
Puede que sea mañana. A las ocho. Lo marcará el reloj, me advertirá la memoria… puede que mañana al fin me cruce contigo para no perderte… para que te quedes conmigo.
Puede.

© Maite R. Ochotorena

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