Tarde de Espejos

El tiempo se ha detenido. Le gusta demorarse en el impás eterno de la espera, allí donde mi voz o mi pensamiento no encuentran hueco para el debate, ni mi existencia puede pintar nuevos trazos, ni mis anhelos encontrar sosiego, ni mi espíritu su imagen en este espejo. Se ha quedado inerte, sin aire, sin horas, sin segundos, sin ruido, sin un antes ni un después, reflejado en mis ojos, desafiante desde esa imagen sin líneas, aquietada en la superficie líquida en que me miro: el espejo.
Es tarde, o es temprano, o ya nada importa, o es que me miro y no me encuentro, o es que busco a tientas y no lo veo. ¿Es ese paréntesis que observo un vacío en el que me pierdo? Si extiendo la mano y rozo con los dedos ese suave perfil inverso, de imitada textura fría, de huera visión sin sentido, distante y perfecta, anónima e inhumana como la versión inanimada de mi presencia… Se mueve, pero no habla, no tiene voluntad, es una imitación burda de mi realidad atrapada en ese espacio sin pasado, sin presente ni futuro. Resulta indiferente, llora cuando yo lloro, ríe cuando yo río, mueve los labios cuando yo hablo, pero no habla, sólo es un reflejo que no acompaña, una doble y perfecta broma de un mundo sin destino.
El tiempo se ha detenido. Es tarde… por la tarde. Aquí y allí, en mi espacio y en ese otro invertido, las horas no encuentran su destino, se ahogan de segundos contenidos, de lapsos soportados, de esperas sin dueño. Me miro en ese espejo, o en cualquier otro, sólo veo una anónima presencia sin vida propia, una extraña pantomima enmarcada en un cuadro, como una foto eterna impasible y eterna, dibujada a golpe de espera… Si me marcho, si me aparto… será una escena vacía, un cuadro sin vida, muerto y hueco. No guarda recuerdos, no retiene sentimientos, ni los añora, ni los provoca. Es un curioso escenario en el que de vez en cuando me entretengo como espectadora sin entrada, actriz y directora, coreógrafa y guionista que ha olvidado su reparto. De vez en cuando regreso. En ese espacio nada cambia, sólo yo intervengo. Sin vuelta atrás ni adelante.
El tiempo se detiene en los espejos, devuelve los rasgos imperfectos de nuestras huellas, tal y como las hemos dejado; no tiene las respuestas, tampoco las preguntas; las horas se detienen mientras miro mi otro yo sin voluntad propia, marioneta pasajera que me observa.

Maite R. Ochotorena

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