El Hogar de Cada Uno

No sé por qué, se me ha ocurrido pensar que nuestro corazón es como una casa, una casa con ventanas, arreglada a nuestro gusto o no, porque puede que en ella convivan más personas, un lugar de encuentro, donde compartir vivencias, recuerdos y experiencias, un lugar de paso, de riñas y abrazos, un refugio seguro o una cárcel con barrotes, un espacio de penurias y lamentaciones... Puede ser nuestro palacio, nuestra primavera o nuestro invierno. Nuestro corazón se expresa, late, se encoge y se expande, y a través de las paredes que nos envuelven nos habla, llora, se ríe, o se desboca...
También a veces, a través de las ventanas, se asoman otras personas, unas con curiosidad, y pasan de largo, a otras les gusta lo que ven y deciden llamar a tu puerta, incluso entran y se quedan, compartiendo la vida, compartiendo tiempo, deseos y esperanzas, llantos y risas. A veces somos nosotros los que pasamos por delante de otros, miramos de soslayo, nos quedamos un rato... Es nuestro hogar, como decía, un lugar de encuentro, y hay quienes tienen abiertas las ventanas, de par en par, para que entre la luz del día, el aire fresco de la noche, las voces y las historias, hay quien deja abierta la puerta, sin cerrojo, para que entre quien quiera y pase el tiempo que necesite o desee; hay quien tiene ventanas estrechas, enrejadas y cubiertas, y hay quien echa las persianas, de día y de noche, quien echa el cerrojo y no abre por mucho que aporreen su puerta, hasta que nadie llama a ella...

¿A qué grupo perteneces tú?

Maite R. Ochotorena

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