Una maleta abierta, es hora de cerrarla

Tengo una maleta sobre la cama, abierta de par en par, repleta de cuentos inconclusos y recuerdos doblados entre cordeles de felicidad y desvelos... Está abierta y deshecha por dentro, tan ajada por el tiempo como roída de pensamientos descuidados, me muestra sus heridas sin tapujos, gastadas pero permanentes, enredadas en una vida que ahora no encuentra su espacio ni puede caber en ella...

Tengo esta maleta y no sé qué hacer con ella... aunque sospecho que ya no me pertenece; es el equipaje de alguien que ya se fue, alguien que se empeñó en arrastrarla a través del tiempo como si  no tuviera nada más, alguien que trataba de ordenar el caos que la reventaba para no tener que abandonarla, alguien que un buen día ya no pudo con el peso de cuanto arrastraba en ella... porque la tristeza, el dolor o la angustia, son cargas difíciles de soportar, y hieren en lo más hondo.

Tal vez es hora de cerrarla para siempre, rescatando de ella únicamente lo que valga la pena: los pequeños momentos, los sueños y tal vez alguna nostalgia, de esas que vienen de un recuerdo dulce y ensanchan el corazón.

Maite R. Ochotorena

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