El rubor de la inocencia

En sus trenzas se enredaban las hebras de la mañana, doradas y vivas, vibrantes de sonrisas. En su mirada se envolvía la brisa, mojada de rocío, esmeralda de soplos frescos, envuelta en la seda nueva de tantos hermosos sueños... Y descolgada en su sonrisa, había perlas de alegría... una promesa sin fronteras, ni lazos, ni nostalgias... tan sólo el rubor de la inocencia, tendida al son de esa melodía temprana... la de la primera luz del alba.

Maite R. Ochotorena

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