Pintando la calle alrededor...

Sentada en unas escaleras, observo la calma y el espacio alrededor; están, una y otro, suspendidos en el tiempo, como el aire que contengo en mis pulmones, expectantes y aturdidos, y puedo dibujar en ese lapso robado trazos de color... Extiendo la mano y esbozo líneas sin sentido, me dejo llevar, y a pinceladas tiño la calle de risas floridas, me invento una brisa que antes no estaba, una brisa que baila y unos árboles que jamás llegaron a plantar, para que sus hojas canten bajo el sol; ahora me gusta la luz de la mañana, que se ha vuelto nacarada, ámbar y plagada de motas doradas; revolotean ante mis ojos como una nube de estrellas infinitas... y soplo para hacerlas bailar, y se difuminan y se expanden, y arrastradas por la brisa del norte se pierden alrededor. Estoy cómoda, acurrucada en esta escalera que ahora es mía, pero aún no he terminado... y ahora pinto con los dedos un leve rubor en el cielo; borro las sombras grises que se arrastran y tiñen ese charco de un turbio desdén; de pronto la calle se mira en ese espejo, así que agito sus aguas para que palpiten frescas y dejo que las hojas tempranas se bañen en ellas, y si un gorrión se cuela en mi paisaje y me sonríe, pinto sus plumas de colores, y si vuela y gira , y se pierde entre las ramas altas de esta hermosa mañana, le daré voz a la brisa para que su melodía le acompañe... Ahora cantan los dos, y en esta calle nueva, que ahora me gusta más, hay algo de magia, sonrisas y colores. Sentada en unas escaleras, observo la calma y el espacio alrededor, y suelto un suspiro largo y calculado... Mucho mejor.

Maite R. Ochotorena

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