Aquí estoy, tomando un café...

Llueve, y sopla un viento fuerte, de ése que incordia y te vuelve el paraguas del revés, te enreda el pelo y no te deja ver las baldosas sueltas, las que pisas y te salpican, y te mojan los zapatos...
Aquí estoy, escribiéndote mientras revuelvo el café, pensando en ti mientras pienso en mí... y en las ganas que se me quedaron ayer al despedirnos... de ti, pese al tiempo que hemos pasado juntos.
Aquí estoy, con los cascos puestos, rodeada de personas a las que no oigo, porque la música suena bien alta para no oír nada más que lo que pienso. He salido entre la gente, aislada de ella, para no privarme de mi ratito contigo, aunque no estés, mi ratito de todos los días, que nadie ni nada puede estropear ni romper; mi ratito que es tuyo y mío, que no falla, que cumplo a rajatabla aunque no sepa qué decir...
Tal vez porque necesito constatar, cuando no te tengo conmigo, cuando nos despedimos, a veces circunstancialmente, que no estoy soñando, que me quieres como yo a ti, y que este espacio breve del día es sólo nuestro y un avance de nuestros otros espacios, más intensos quizás, pero no menos verdaderos.

Todo esto para decirte que te amo... Ya ves.

Maite R. Ochotorena

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