Perderse es...

Perderse es también renunciar a nuestras posibilidades, dejar de buscar y enredarse en una gran mentira. Perderse es dejarse caer, permitir que nuestra oscuridad avance y la luz de la razón se apague. Perderse es acabar con los sueños y firmar una renuncia en lugar de saltar... Es adentrarse en el reino del nunca jamás, donde nada ocurre o se retuerce en un incomprensible galimatías plagado de incongruencias... Es confundirse y estar confuso, temblar ante preguntas sin respuesta y retroceder dos pasos cada tramo; es cavar un hoyo en la nada que nos entumece, vacilar durante el sueño... y olvidar la vigilia atenta, que nos advierte; perderse es renunciar a lo que somos y desperdigarse en un estallido de pensamientos irracionales, absurdos e innecesarios, que revuelven y ahogan los sonidos, borran los pasos y detienen la mirada. Perderse es la máscara que oculta una gran debilidad, la cobardía de avanzar y el perverso castigo a nuestro coraje... Perderse no es una opción serena, es la tormenta de nuestros desvaríos, cuando nos entregamos sin ser conscientes de lo que perdemos... cuando nos perdemos.

Maite R. Ochotorena

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