El miedo...

Está oculto entre tus recuerdos, y ya no puedes verlo, o no quieres... porque te sientes mejor enterrada, apartada y lejana, como una estela desconocida en el infinito, eternamente fugaz entre otros mil millones de estrellas. Lo mantienes bien amarrado entre los pliegues y las arrugas del tiempo, seguramente abastecido de rencores y miedos, bien al fondo, allá donde tus miserias se posan y hacen masa... Allí el miedo duerme perpetuo, sin medida ni enemigos que lo avasallen... bien anclado en tu cobardía, mirando de soslayo a esos ojos ciegos que no ven, o no quieren ver, susurrando mentiras muy quedo al oído, sin descanso, alimentando tu debilidad, que crece y se expande dentro de ti... de dentro hacia fuera y vuelta a empezar... hacia el interior, hacia el corazón, que se marchita.

Está oculto entre tus sueños hueros, vaciándote de esperanza por amordazarla, y mientras te debates por dentro... aun sin soltarlo, te desprendes de ti misma, pedacito a pedacito, sin saber que te estás perdiendo. Y en ese brutal desperdicio de energía, por aniquilar tus posibilidades, te estás quedando sin voz para gritar, sin mirada para contemplar, sin oídos para escuchar... oculta entre velos de cobarde tesón.

Todo para mantenerte amarrada a tu miedo. Todo para no abordarlo, todo para no experimentar otras emociones, porque desconoces si dolerán más que tenerlo... Todo por evitar el vacío inmenso que dejaría en tu corazón si no estuviera... Mejor miedo que soledad, mejor el miedo que exponerte a sentir y ser vulnerable... Todo porque aún no comprendes que es una gran mentira oculta tras una máscara. Te arrebata y rasga por dentro, es un fraude a ti misma, la gran estafa de la que nunca despiertas si no lo enfrentas... El miedo es una ilusión, no colma ni da esperanza, sólo atenaza y frena...

Todo porque aún no te atreves a vivir... a riesgo de ser tú misma.

Maite R. Ochotorena

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