Aún no...

No tengo prisa, para esto no. Necesito sentirlo y retenerlo un ratito más antes de soltarlo, antes de dejarlo marchar, no vaya a ser que se me rompa algo por dentro, algo irreparable.

No tengo prisa, o no quiero ser consciente del tiempo, ni de cómo discurre ni de cómo se burla de mis esfuerzos por ignorarlo... cuando es evidente que me traspasa y me va dejando menos opciones y más angustia.

No tengo prisa, me niego a perderlo tan pronto, ahora que lo he encontrado... prefiero regodearme en la despedida, en la nostalgia que sé que vendrá cuando ya no esté, prefiero prolongar lo inevitable antes de padecer el vacío inmenso que sé que dejará, una ausencia casi palpable, a la que me aferraré con uñas y dientes durante un tiempo... todo el otoño, todo el invierno... o toda la vida.


No tengo prisa por empezar a sentir todo lo que me quedará después, al otro lado de esa gran nada, cuando ya no esté. Escojo mantenerlo cerca todos los instantes que tenga, escojo saborearlo mientras pueda, antes de que las horas me lo arrebaten y me parta en dos... Dos mitades que serán dos desconocidas la una para la otra, que ya no podrán reencontrarse más, dos lados de un mismo ser quebrados por la herida, profunda... muy profunda, tanto que... no tengo prisa...

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