A Veces...

La vida, algunas mañanas, amanece fría... carente de empatía; se muestra brutal, como esa losa donde se encadena el miedo, déspota como la pesadilla que hiela el coraje, la que puebla las noches de insomnio y teje telas de araña que consumen el alma.

La vida en esos días se revuelve traicionera, no se deja amarrar, serpentea y se retuerce, se burla esquiva, como una arpía cobarde, ladrona audaz en su locura caprichosa... Se enreda en el entendimiento y estrangula la voluntad... exprimiendo los restos que devora.... y se envilece.

La vida a veces se pinta de grises muertos, disfraza su manto y se pierde... y no vuelve. Gira alrededor y desvela sus dientes afilados, dispuesta a devorar el alma, a segregar el espíritu y cercenar el valor y la cordura... Se lleva los esbozos de sonrisa y los atesora en su agujero fatal de olvido, donde todo perdura en un baile eterno de locura, donde todo se confunde y se disipa... y la esperanza no tiene cabida.


Y... a veces, cuando no miras, la vida recupera la memoria, de pronto acompaña, se esparce alrededor, en mil caricias que besan y embelesan, se insinúa tierna y se muestra seductora... hermosa y fiera. A veces, cuando no lo esperas, la vida es una dama blanca que baila al son del corazón, y se abraza al alma y al destino... A veces te canta al oído...



La vida algunas mañanas, amanece teñida de promesas y sueños... A veces, cuando eso pasa, la casualidad propicia el encuentro... Y es entonces cuando la magia se lleva el miedo, y con él, el destierro.

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