La Tierra...


La tierra, cuando es audaz y se tiñe de rojo fuego, cuando brota y se vierte de ámbar, de reflejos cristalinos que cuelgan como gotas doradas, brillantes y turgentes… La tierra, cuando es generosa y sabe como la madera, el viento y la lluvia, cuando guarda el secreto de las manos que la cuidan, cuando palpita vigilante, dispuesta a regalarse…

La tierra…

…es entonces la vida misma regada de ardiente vino, el espíritu cadencioso al ritmo de la brisa, el pulso apaciguado, pero poderoso, latiendo bajo nuestros pies… y de su paisaje colorido en el otoño nos trae la nostalgia perezosa que huele a sueños añejos, sabores reposados que traspasan el alma entera y se expanden en el paladar… como una promesa imperecedera en la memoria.

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