Entradas

Mostrando entradas de diciembre, 2014

«El Sauce Llorón», un cuento de Navidad

Imagen
Érase una vez, un cuento de navidad, éste no es un cuento feliz, pero habla de la búsqueda de la felicidad...


1
Era la luz del verano, el orgullo del bosque, el más hermoso sauce que nadie hubiese contemplado jamás. Ni hombres, ni hadas, ni elfos, enanos, duendes o animales, ninguna criatura había presenciado nunca una belleza igual en un árbol joven como él… Y el sauce lo sabía. Se paseaba orgulloso entre los demás árboles, miraba por encima del hombro a los achaparrados matorrales, irguiéndose con orgullo con tal de lucir mejor sus esbeltas ramas, cargadas de serenas y dulces hojas verdes; las agitaba con experta maestría, gustaba de mirarse en cuantas charcas, pozos o lagos encontraba, suspiraba, en fin, admirado de sí mismo…. En verdad era un maravilloso sauce. Aunque algo llorón. No tenía mal corazón, era joven y presumido, sólo eso. De hecho era muy apreciado en el inmenso y profundo bosque donde vivía, porque charlaba animadamente con todas las criaturas, acompañaba alegremente…

Feliz Navidad!!

Imagen
Cierro los ojos... y... pienso en todo lo que me gustaría cambiar, y mantener. En todo lo que me gustaría que brillara alrededor, las cosas buenas, a las que hay que sacar lustre de vez en cuando para recordar por qué me encantaron al descubrirlas... Porque debajo del polvo de la rutina, del tiempo y las prisas, aún está ese pálpito que un día me removió por dentro. Sólo tengo que recordarlo, si es que he dejado de verlo... y si cierro los ojos y aún lo siento, entonces será que lo he hecho bien... Sólo quiero que estas navidades brillen nuestras luces, las que llevamos dentro, más intensas que nunca, más fuertes, más rebeldes, más... poderosas... Cierro los ojos y deseo, con toda el alma, que encontremos el coraje, la pasión, la rebeldía, la perseverancia, el arrojo, la capacidad de ilusionarnos... Ojalá cada uno de nosotros mantenga sus luces encendidas. No sólo iluminarán nuestro camino... sino que los demás... también podrán verlas. Como un faro en las sombras...
ENCENDED LAS LUCE…

Tristezas...

Imagen
La tristeza se derrama, como la lluvia sobre ese tejado antiguo, arrastrando las penas incrustadas hacia el corazón de la noche. Es una lluvia mansa, corre en un reguero infinito y atraviesa los poros cascados de barro viejo, barro trabajado por manos extrañas. La tristeza, entre nieblas, se deja caer desde un cielo sin color, en una cortina densa que no deja ver las nubes, que barre el paisaje mientras baja... cadenciosa, y se vierte hacia esos reflejos salpicados que empapan las entrañas del mundo. La tristeza lame las heridas agrietadas de esos viejos muros, penetra profundamente a través de las brechas partidas y busca su camino hacia el interior, y se acumula... se acumula. Se descuelga lentamente desde las ramas más altas, con el sabor más íntimo que ha robado en su camino, se desprende en lágrimas dulces que no acaban, y golpea la tierra anegada hasta hacer que una visión del mundo desdibujada, un falso reflejo, irreal y torturado, se dibuje en esos charcos que beben del suelo …

La danza entre las sombras

Imagen
Arreboladas las mejillas de hipnótica quietud, está aletargada en su nicho sin luz, apaciguada su furia, sin tormentas ni pulso, sin ritmo ni pasión... Quieta, apagada... silenciosa en su reino sin sombras, su escondrijo sin viento ni mareas, al fondo, muy hondo... inmóvil... Ella espera. Encendido el semblante dormido con el rubor durmiente de apacible descanso, aguarda la vida inerte... sin dolor ni sospecha, ajena al ritmo y su tiempo, al devaneo de las horas, lejos de caminos y horizontes, bajo las sombras, abajo, muy abajo, en lo profundo, en lo más hondo... inmóvil... Ella espera. Y si en esa quietud silente un leve rumor se agita, tal vez arrastrado por una brisa entrometida, si en la profundidad inanimada donde nada se mueve... un atisbo de luz se cuela, y desvela las sombras, y barre la tinieblas y las aparta... como el que aparta el velo que miente y descubre lo que hay tras sus engaños... Si en la calma sin tiempo de pronto las horas avanzan... Ella se despereza. Y qué hay …