Entre Dos Mundos

Hay una delicada línea que distingue nuestros dos mundos, el que llevamos por dentro, el que mostramos por fuera; es una fina línea que apenas los separa, frágil como la vida, perecedera como un suspiro… un evanescente hilo que diluye lo que somos en ese cambiante dibujo de luces y sombras que se refleja en otras miradas, en cualquier mirada anónima, en visiones ajenas que nos pintan con otra realidad, en cualquier mirada desconocida… cualquier otra, que no es la nuestra. 

Hay una delicada frontera entre la verdad que nos define y la mentira que nos viste, tan efímera que confunde el anhelo con la fantasía, las realidades y virtudes con pensamientos equívocos, con proyectos perdidos… los ideales y los sueños con miedos y fracasos, con tropiezos y trucos de magia que distraen a quien nos mira… 


Es esa delicada frontera el límite que podemos soportar; el límite de nuestra resistencia, la trinchera de las emociones, el baluarte de nuestros secretos, un seguro refugio en el que escondemos lo mejor y lo peor de nosotros… y al mismo tiempo una arriesgada apuesta, la primera línea de batalla, el abismo que tanto nos aterra, la faz descarnada de nuestros vicios, de nuestras pesadillas… el bastión de nuestros deseos, de la esperanza y la alegría… 

En ese limbo del bien y el mal, terreno resbaladizo donde acechan las preguntas que no queremos oír y se esconden las respuestas que no queremos dar… está también la dicha que nos conmueve, la semilla de una sonrisa y el valor que nos impulsa de un lado al otro… de la sombra hacia la luz, de la duda hacia la vida, de un mundo al otro, de un discurso equivocado, al reconocimiento y el futuro que siempre estuvo con nosotros… 

La lucha nos define, eterna e incomprensible, entre lo que somos, lo que queremos ser, y lo que no dicen que somos y seremos… Y entre alcanzar o no nuestros sueños, entre respetar nuestra verdad… y atrevernos o no a mirarnos de frente, sin tapujos, se encuentra la brecha más esquiva. 

Entre un paso y el siguiente, estás tú.

© 2015 Maite R. Ochotorena

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