Las mañanas...

Tienen las mañanas un algo de invitación, un tal vez, un quizás, una promesa latente en el tiempo que se cierne con las primeras horas. Tienen un paréntesis repleto de proyectos, suspendidos en un perezoso despertar, mientras la luz del día se enreda en el pensamiento, mientras el frescor de las primeras horas cosquillea alrededor... como un torrente vital que se repite una vez más.

No hay prisa, sólo constancia, sólo el tic tac relanzado de ese reloj que no avanza en nuestra caprichosa percepción del tiempo. No llueve ni sopla el viento en nuestro día al otro lado de esa ventana cómplice que nos muestra nuestros deseos... ahora que aún bailamos al son del despertar. El aire se contiene, el tiempo obedece, las sábanas se retuercen en torno a la piel y la luz se muestra tímida a nuestros ojos somnolientos.

Tienen las mañanas un algo de magia, un toque de esplendor, son el reino del todo se puede, el paraíso de nuestros sueños... Irrumpe a raudales abarcando nuestra noche recién abandonada, y tiñe de melodías vibrantes los espacios del corazón, como una gran dama irreverente que te invita a caminar...

© 2015 Maite R. Ochotorena

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