La noche y sus desvelos

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La noche y ese intruso que me observa con ojos de hiena… Las sombras, y ese depredador que se yergue entre mi cuerpo congelado y el sueño, que se niega a visitarme… La oscuridad preñada de silencios que torturan mi memoria en un castigo infinito, con sus voces venenosas rumiando mi destino…

La noche y esa perversa intuición suspendida en un alarido sofocado por el propio miedo que se aferra a la garganta y me trepa hasta nublarme el sentido… Las sombras que esconden el enigma que avasalla mi entereza y se lleva las preguntas más allá del límite, donde no hay respuestas… La oscuridad, deleitándose en la sombra que se ampara en la noche; la oscuridad, ese velo que me viste de angustia y serpentea a flor de piel erizando mi miedo, cortante… y fría…

La noche, y ese atrevido invasor, descarnado con su máscara siniestra, que esconde mis pecados… Las sombras, y esa lasciva renuente que me atosiga con lo que no fui, lo que no hice, lo que incumplí, desgarrada la garganta con el grito acusador que sacude mi conciencia, con el vapuleo del verdugo que atrapa el viento y lo encierra en un suspiro…

La noche, ese reino de dudas, de fantasmas, plagada de confusión, el infierno del arrepentido que cierra los ojos al castigo… Las sombras, rezagadas del abismo que se abre entre mi mente dominada y la posibilidad de un amanecer y el destierro de sus esbirros… La oscuridad, que se precia de su dominio, y se extiende más allá de mi conciencia, cayendo como un manto de rocío helado sobre el mundo…

No hay noche como ésta tan fría y solitaria, cuando aspiro a la luz, al entendimiento… cuando no duermo ni despierto… y se turban mis desvelos con el engaño, tumbada y presa del devaneo nocturno…

A veces… la noche y sus sombras, las sombras en la oscuridad, señorean mis sentidos.

A veces… sólo a veces, desearía despertar sin haber dormido, cuando no duermo ni despierto, pero sueño que me desvelo, cuando dudo si he dormido.

© 2015 Maite R. Ochotorena




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