Despertad!

¿Cuántas veces miramos alrededor y somos capaces de mirar y ver, de escuchar y comprender… de sintonizar las voces, el viento, la lluvia… Cuántas veces nos importa ese gato callejero que pasa a hurtadillas… el desconocido que pide en la puerta del supermercado, hincada su humillación en el suelo, sobre sus rodillas? Nuestro universo, lleno de estrellas y tormentas, se queda corto, ceñido en nuestra cúpula de cristal, es obtuso y se desgasta atrapado bajo la lluvia permanente que lo asedia…

Quiero ver el mundo de otro color, quiero extender un dedo mágico y borrar esas lágrimas, hacer brotar árboles aquí y allá, donde antes los hubo y los han esquilmado, repartir sonrisas, espontáneas, alegres, bailes y cielos límpidos, despejados de tormentas. Quiero agitar el día y hacer sonar melodías más frescas, sintonizar nuestros latidos y que por un vez suenen al mismo ritmo, con la misma cadencia, mirando hacia el futuro…

¿Cuántas veces nos arrastra la pesada carga, nos aturde el ruido alrededor, un mal gesto, un saludo torpe, desagradable…. Cuántas veces nos hunde una mañana torcida, un malentendido, una mala respuesta, una desgracia… ¿Cuántas veces pasamos de largo en vez de detenernos... cuántas olvidamos y sofocamos lo que no queremos oír, cuántas veces ignoramos la realidad y la retorcemos para justificar nuestras decisiones?

Quiero subir a lo alto de esa roca y extender el mundo sacudiéndolo del polvo rancio que lo mantiene gris y apagado, sacudirlo y airearlo de miserias, del dolor, de la ira, de las mentiras… Quiero subir muy alto y tocar las campanas para hacernos despertar, reventar a tañidos las conciencias, repartiendo un poco de cordura y más compasión, haciendo volar en el viento una nueva voz que nos aparte del engaño y remueva nuestras conciencias…

Para que podamos ver con los ojos de la verdad y escuchar con un corazón renovado, libre de ataduras.

Quiero encaramarme al palo más alto y hacer de vigía y alertar a los durmientes de ese gran mal que nos acecha, antes de que sea tarde, y hacer que por una vez el viento sople a favor… en una sola dirección.

© Maite R. Ochotorena


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