¡¡Por la ilusión!!



Llega diciembre, llega el frío, el invierno, los días más cortos, las noches heladas, la escarcha, el hielo, el viento, las nieblas... Llegan esos días oscuros que a muchos nos ponen tristes, esos que hacen que añoremos el calor del verano, que sin embargo este año se ha resistido a abandonarnos...
Llega diciembre, y las navidades, una época que, no sé por qué, también genera tristeza a muchas personas, tal vez porque hacen que recordemos momentos más felices, cuando esa persona tan querida aún estaba con nosotros, tal vez porque la soledad señorea nuestras vidas, tal vez porque parece «obligado» ser feliz, sonreír, y demostrarlo!

Pues bien, llega diciembre, y llega la Navidad, y también se termina un año, y comienza otro... Y no dejo de preguntarme... ¿cuál es la diferencia? Los días son los mismos, la lucha es la misma, ayer que hoy, y sin embargo, queremos creer que poniéndole límite al tiempo podemos hacer el hechizo y lograr que las cosas cambien, que podemos empujar todos a una contra el reloj, y tirar ese muro, el que nos impide ser felices, o lograr nuestros sueños; parece que saltando todos a la vez, celebrando, gritándole al universo que estamos dispuestos a apostar más fuerte, a tener ilusión, a empezar de nuevo, o a terminar de una vez con las pesadillas, el universo entero, el destino, el azar, la casualidad o la magia, se verán alteradas y las tornas cambiarán, y empezarán a girar, de cero, al día siguiente.

Llega diciembre, y toca soñar... ¿Sólo ahora? Si de sueños se trata, yo no puedo resistirme a ellos... ¡¡TODO EL AÑO!! Cada día... Por eso, si se trata de tener ilusión, de aferrarnos al tiempo, a la Navidad, al verano, a un cumpleaños, a un viaje, o a cualquier otra excusa.... Si se trata de saltar todos a una formulando un deseo... ¡me apunto! Me apunto a creer, a retomar lo que abandonamos, a abandonar lo que nunca debimos tomar, a sumar proyectos, a empezar de nuevo, a sonreír, a querer más y a creer que se puede... Me sumo, siempre que sumar sea crecer, me sumo a idear un futuro mejor, y a compartirlo, y a contagiarlo... cada vez.

Porque este mundo necesita más ilusión, más entusiasmo, más fe en la vida y en el ser humano, más amor, más compasión, más comprensión...

Brindo por eso, por la ilusión, por perseguirla como posesos, por aferrarnos a ese tren de locura que nos arranque de esta apatía que nos tiene presos... ¿Brindas conmigo?

¡¡Chin chin amigos!!

Maite R. Ochotorena


Entradas populares de este blog

La Espera

«El Sauce Llorón», un cuento de Navidad

Relato de Terror: El Mensajero de la Muerte