Todo lo que no fui

.
..porque no soporto no haberme atrevido; no soporto saber que pude escoger y no lo hice, que pude mirarme de frente, sin tapujos, y preferí pasar de largo, de puntillas, no fuera a ser que me desbordara... Porque a veces navegar contra corriente se nos hace más fácil que defender lo nuestro, y plantar cara por uno mismo no nos seduce, y nos abandonamos en la cuneta, sin mirar atrás... Y dejamos una sombra que después lo cubrirá todo, nos vestirá de anonimato y llenará nuestras noches de ninguneo. Porque señalar con el dedo otro destino, menos incierto, parece lo más lógico, y yo me levanté y abandoné la sala antes de tiempo... sin mirar atrás.

...Porque parecerme a otros y despegarme de mis ideas, porque ponerle freno a mis imperfecciones y negar mis errores, y mis virtudes aún más, una y otra vez, ha sido al parecer una meta. Para qué... para no ser, no sentir, ¿no arriesgar?

Qué pena no saber decir quién eres, qué pena dejar atrás tus huellas, las genuinas, para calzarte otros zapatos, sin saber andar con ellos.

Menos mal que la vida y el tiempo te plantan delante de tu abandono, y no te queda más opción que devolverte la mirada y explicar por qué, o por qué no... Menos mal que la trinchera se estrecha con algunos golpes del destino. Menos mal que el coraje se mide por un sólo instante más o menos fortuito que lo decide todo.

Todo lo que no fui, se queda en el pasado. Todo lo que soy se desprende de él y lo que seré se burla de mi cobardía y ríe porque al final... siempre gana.
Menos mal.

© Maite R. Ochotorena

Entradas populares de este blog

La Espera

Relato de terror: «Lula»

«El Sauce Llorón», un cuento de Navidad