No me faltes nunca...

Los días y las noches que tú me has dado, infinitas como tus sonrisas, tu presencia, tu consuelo, tu sabiduría... Las horas largas a mi lado, cuando no podía respirar, eternas en la oscuridad, sabiendo que no estaba sola, sintiendo el amor en esa mano cálida que se llevaba el miedo y la angustia; las tardes a tu alrededor, imaginando todo un mundo de fantasía, compartiendo risas y confidencias, admirando a ese Toro Sentado que lidiaba con cuatro criaturas en cuyos ojos brillaba la admiración, el agradecimiento, y la ilusión; el respeto ante tu grandeza, el ejemplo de tu fortaleza, tus palabras sabias aunque dijeran cosas dolorosas, porque siempre hablaban de la verdad, de mi verdad, y de la tuya...

Los meses y los años a tu lado, los veranos, las primaveras, los inviernos nevados, al calor de la chimenea, con un bollito recién horneado entre las manos, envuelta en ese pijama reposado al amor de una estufa, con los pies enterrados en unas zapatillas llenas de cariño... pasabas tardes enteras esperando que regresáramos de la lluvia fría del invierno, para abrigarnos entre tus brazos.

Tu sonrisa imborrable, infatigable, siempre presente, contra viento y marea, pese a todo, pese a tanto... Siempre has sido mi luz, y aún oigo tu voz llamándome, aun cuando no estemos juntas... y la oiré cuando ya no estés, y siempre te echo de menos, aunque sepa que sólo tengo que marcar tu número, que sólo tengo que coger el coche, para poder verte, para abrazarte y decirte cuánto te quiero, a pesar de que eso.... tú ya lo sabes.

Todo lo que me has dado, todo lo que me has enseñado, lo que me has prestado, lo que me has arrancado para que no me hiciera daño, tus reprimendas, una sola bofetada, una sola, en toda una vida, la más merecida, y que llevo en el corazón agradecida... Espero que no me faltes, que aún estés conmigo mucho tiempo, que me acompañes aunque no me veas, aunque no te vea, sabiendo que siempre serás única, parte de mí, parte de quien soy, gracias a ti...

TE QUIERO MAMÁ


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