Merece la pena

Y no, no puedes ceder. Porque ceder antes de tiempo es caer en la trampa, y la trampa se cierra en torno a tus expectativas, y las ahoga. No, no hay tiempo para la duda, para el pesimismo, para torcer la boca y dejar que ese guiño oscuro se lleve tus planes, porque... la vida es una apuesta a todo o nada. En el todo está la lucha, la perseverancia, los días malos y los peores... y la certeza de que haces lo que te gusta, o aquello en lo que crees, o... lo que te hace ser más tú. En la nada está la tristeza, el insomnio, la frustración y la desesperanza... y la eterna duda por lo que pudo ser o no ser, la culpa y ese agotamiento que te va robando el alma.
Y no, no puedes ceder al desaliento, creerte la mentira que refleja el espejo, escuchar las voces que te empujan a abandonar, a creer que no hay otras posibilidades.
Yo tengo miedo, cada día, cada vez que salgo a abrirme camino. Dudo todos los días, se me hace muy cuesta arriba tener que derrochar tanta energía por algo que según el mundo es sólo una quimera. Pero lo hago, aunque sé que construirse a uno mismo es haber escogido el camino largo, y el más escarpado. Ya no quiero ser más esa otra versión de plastilina.
Merece la pena, y no, no puedes ceder, y sí... sí puedes creer, porque en el camino está la respuesta. Si has echado a andar, ya has cambiado.

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