Pasar página


Paseando en una mañana soleada, repleta de añoranzas, de hojas de colores, de árboles desnudos anunciando un frío que no acaba de llegar, paseando y pensando, recordando y buscando en el fondo de mi corazón esa antigua voz que tanto me atormentaba... Buceando a través de la memoria, ahondando en la pena, a través de ella, hacia el abismo que guardaba en el alma, como una brecha abierta que no encontraba cura...

Resulta que no encontraba la carga, el lastre que tanto me atormentaba.

¿Dónde está mi castigo? ¿Dónde se quedó el dolor y la herida? ¿Dónde el recurrente mal sueño que tantas noches de insomnio me traía?

Resulta que no sentía nada... Nada más que una extraña paz, extraña porque hacía tanto que no la sentía. Resulta que la brecha se ha cerrado, que ya no cabe pena ninguna, que ya no me quedaban ganas de sufrir, ni de recordar, sólo de pasar página, de no tener más miedo, de dejar de mirarme al espejo y no saber quién soy. Resulta que prefiero sonreír, y creer que a partir de ahora sólo puedo crecer, y ser mejor, y apostar por mí, por un futuro prometedor, sin cargas, sin penas, sin miserias pasadas que de puro ahondar en ellas se han vuelto rancias.

Iba a escribir sobre ese pasado que llevo arrastrando como si ser mártir fuera una meta, y me he dado cuenta de que ya no quiero hacerlo, no me queda gusto por sufrir, sólo por avanzar.

Paseando por un sendero lleno de vida, aunque dormida porque llega el invierno, de pronto me he sentido más despierta que nunca, más decidida que nunca, más serena que nunca... Y esa voz que me hurgaba y hería se ha ido. No queda nada, se fue, se extinguió. ¿Cuándo? ¿En qué momento? No lo sé, pero tampoco me importa.

Hoy sonrío, porque por fin soy libre, y resulta que la vida al fin se respira fresca y nueva.

Quién sabe lo qué vendrá a partir de ahora. Algo bueno seguro, porque al fin y al cabo me lo voy a guisar yo.

Maite R. Ochotorena



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