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Mostrando entradas de enero, 2017

Quédate

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El tiempo se detiene… en forma de suspiro, leve… acompasado…
al ritmo del pensamiento, que vuela… y se mece… y se envuelve…
de ti, de mí…
del recuerdo que pasó,
un instante perfecto en este cuadro imperfecto…

Se me para el corazón,
se prolonga el pulso y en un latido…
incesante…
vibra tu nombre,
y mientras tanto,
mirando el este,
por donde te fuiste,
algo se rasga por dentro,
y siento que el tiempo se lo lleva todo…


Salvo a mí.


Es un beso en la tarde,
es perecedero,
como tu presencia,
como la vida en tus promesas…
como tus cartas incompletas…

Me entierro en esta ventana,
envuelta en nostalgias, viendo llover…

Mis labios pronuncian algo,
pero cada letra se pierde en esta brisa que lo mueve todo,
mi paisaje sin ti,
un vaivén de tormentas…

Me conmueve el dolor.


Duele…

Es un beso tardío,
un te acompaño,
un cada instante,
un quédate…

Quédate…

El tiempo baila conmigo,
me susurra al oído un velado consuelo,
y me hace girar…

Vuelo a través de ti,
pero no estás,
y en cada paso…
hay una pausa l…

Lee un fragmento de «El Destino de Ana H. Murria»

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Extracto de la novela
«...Cuando al fin entraron en la casa, encontraron a Margarita afanada en los fogones. Ana notó como se tensaba al percibir la presencia de Celia en la cocina, incluso estando de espaldas. Detectó aquella manera suya de mirar de reojo, por debajo de las pestañas, ladeando la cabeza de forma casi imperceptible, sin girarse, y eso la inquietó. Aquel era un gesto que solía hacer cuando maquinaba algo. Se preparó para aguantar cualquier cosa. Así era la relación entre madre e hijas, una constante lucha de voluntades, un tira y afloja cargado de veneno. Qué razón tenía su tía… Margarita siempre atacaba, y ellas se defendían como podían. En esa batalla, Ana se esforzaba por soportar sus embates, pero ella siempre encontraba el modo de burlar sus defensas. Resultaba agotador.      –¿Dónde estabas? Te esperaba para que me echaras una mano en casa.     Ya estaba… No era lo que había dicho, sino su tono, amargo y duro. Ana sintió cómo se sacudía todo su organismo, reaccion…

Dime qué ves...

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Habla... Qué sientes, dime qué ves, o qué crees que ves. Dime qué piensas, pero habla Porque tu silencio  me cuenta cosas que se me clavan en el alma, tu silencio me conmueve, se me lleva las entrañas hacia el abismo, el abismo del miedo a perderte... Habla, dime qué sientes, dime qué crees. Tus labios se mueven, pero no oigo nada... Tu voz suena, pero no entiendo tus palabras huecas, vacías de ti y de mí, vacías de esas verdades  que necesito escuchar, aunque duelan, aunque se me claven como puñales... Habla, habla ya. Mira... y mírame. Habla... y háblame. Y dime qué ves. Y si lo que ves  no te dice nada... Y si lo que dices no dice nada.... Pero habla... Prefiero oír la verdad a enterrar mi corazón  en esta arena perpetua que no conduce a nada... Habla, dime en qué crees. o libérame....

Rompiendo las barreras

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Voy a romper mis pérdidas, a golpe de traición, porque sólo así podré escapar de esta vida estéril que me mantiene inerte, como una máscara sin vida, a través del tiempo.
Voy a contar hasta diez antes de sumergir la cabeza en este pozo sin sentido que suma mis días, porque para saber quién soy necesito mirar atrás, hacia esa sombra que me envuelve.
Voy a tener que tomar mi conciencia al asalto y hundirme hacia el confín de este reino del horror inmóvil donde nada cambia, y el castigo permanece.


Mi historia no es una historia común, es la historia del miedo, mi miedo, el que siempre me ha acompañado; ese miedo que doblega todos los sueños y devora el alma; ese miedo que se impone en cada decisión que no tomas, el que te hace vacilar toda la vida, eternamente… el que tira de ti en la corriente, y hace que te pierdas en un bucle sin fin, hasta agostar quien eres, hasta un infinito gris que se bebe tus lágrimas, sin medida, cada vez que te miras en un espejo.
Y después…
Voy a agostar este…

El desnudo

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Cuando uno se desnuda, le otorga a la intemperie el dudoso honor de profanar sus secretos, le entrega una daga afilada, con la curva de la duda sellada en su filo.
Cuando uno se desnuda, se expone a la verdad que otros contemplan, se muestra sin tapujos en un cuadro observado, ante una platea de intérpretes sin más vista que la de un miope que sólo comprende lo que su experiencia le susurra al oído, sin más juicio que el de una vida efímera, limitada al confín de sus dominios.
Cuando uno se desnuda, y muestra sus entrañas, baila una danza peligrosa, camina de puntillas siguiendo el trazo de esa fina línea que discurre entre la verdad y los secretos, entre lo cierto y lo incierto, entre lo que aparenta ser… y lo que es. Lo que la luz muestra, las sombras lo enturbian, lo que queda a la vista, muta, y ya no es, no permanece, igual que lo que una vez fue se desdibuja según quien oye la historia, según el día, según la noche, según…
Cuando uno escoge estar, y abarrotar el hueco de lo que …

Se me vence la vida...

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Al leer estas páginas mi voz se conmueve, como ese hilo trémulo que baila con la brisa, como si la letra que las tiñe pudiera rasgar también el alma; como si, dotadas de voluntad, pudieran penetrar la carne y preñarla de sonrisas amargas, de nostalgia, de pena atravesada, como la que se me cuelga por las mañanas.
Al leer entre líneas, ese aroma apaciguado de la tinta marchita se confunde en el ambiente y me trae recuerdos, recuerdos adormecidos en el tiempo. La memoria me traiciona, y da rienda suelta a la emoción, que se desboca, y algunas lágrimas se vierten y empapan tus palabras, como si pudieran emborronar su significado, más allá del momento en que fueron escritas, más allá de tu propio llanto; se cuelan profundamente en el papel, y penetran con ellas la negrura y el dolor, ahondando la herida, si es que se puede dañar el recuerdo plasmado en una hoja, una vez más, ahora que no estás...
Quiero arrugarte y perder tu mensaje en esos pliegues iracundos que mi mano apresa en un solo…

Y aquí estás

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Una puerta de salida y otra de entrada, así rumoreaba la vida antes de conocerte, antes de que el pulso se me desbaratara, durmiente como estaba, y se preñara de esperanza.
Un portón de recelo y disturbios envenenados, así se cargaba mi alma de sombríos pensamientos, antes de que pasaras a mi lado y me reventaras esta armadura codiciosa de una seguridad ficticia, a la que tanto me aferraba.
Un puente derruido por el tiempo que ese retrato feo me dejó como regalo, un camino insano y un montón de polvo que era mi sonrisa desmenuzada de tanto retenerla entre tristezas y desilusiones. Un pozo sin cuerda, tan hondo que las cadenas faltaban, allí donde la oscuridad de la rutina más insidiosa era suficiente para mantenerme atrapada…
Hasta que llegaste tú y reventaste la puerta, hasta que llegaste tú y me mostraste y demostraste, hasta que llegaste tú y pintaste un camino nuevo alrededor, con esas manos que adoro, con esos ojos que ma atraen hacia la luz, lejos del olvido, del encierro, del m…

Islas

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Levantar la vista y no ver, alzar la voz y no ser escuchado, vivir rodeado de gente y sentirse solo, como si el ser humano se hubiera devorado a sí mismo hasta perderse en el vacío.
Damos vueltas y no le encontramos sentido a este día a día bochornoso; estamos frustrados, y no nos damos cuenta de que buscamos donde no es. Estamos tan acostumbrados a llevar este ritmo frenético que somos incapaces de comprender, y no sabemos, y no entendemos, y estamos solos, somos islas, centenares de islas, millares de islas, flotando en un océano absurdo, a la deriva de un progreso que prometió bienestar, felicidad, justicia, igualdad, entendimiento… y nos ha traído soledad.
En un mundo donde las oportunidades que debían ser para todos se van reduciendo, donde nos cuesta levantar la vista para ver al de al lado, en una rutina que nos impide sonreír cuando entramos en una tienda, frenar para que otro pueda salir del aparcamiento, sostener la puerta al que trata de pasar… En una civilización donde des…

Allá voy...

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Y no me da la gana, no pienso ceder, ni retroceder, no pienso regalar un sólo centímetro al desaliento, ése que llega en volandas a veces de quienes menos esperas. No pienso regalar ni un ápice de mi esfuerzo a las miradas compasivas, al aliento cuando es falso, o cuando es voluntarioso pero carente de fe. Y no me la gana porque me estoy dejando la piel en algo en lo que creo, porque sé que llegaré, porque creo en este sueño loco, y porque sin locura no hay batalla, ni alegría, ni tiene sentido este día a día escarbando el futuro, ése tan esquivo, al que le di la espalda demasiado tiempo. Es mi momento, es ahora o nunca, y No… no pienso restarle puntos a este aluvión de emociones que me acompañan cuando os visito, cuando me leéis, cuando me escucháis… Porque nada merece más la pena, lo digo siempre, que ser honesto con uno mismo, y yo lo estoy siendo ahora, y no estoy dando palos de ciego, es que simplemente voy de uno en uno, gota a gota, sembrando mi destino.
Y no me da la gana de h…

Dame un adiós

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Dame una tregua, que no se me antoje eterna, dame un ratito de tu olvido, un respiro, para mantener esta calma en la farsa que nos traemos tú y yo… Dame un poquito de margen, un renglón entre líneas, que me deje saber qué estoy haciendo, que me desgrane este presente que se escurre y se me desvanece, sin otro horizonte que el borde de mis lágrimas…
Dame una tregua, una en la que mande yo, una que se desentienda de silencios ofendidos, que sea independiente de esa mordaz lengua, un hueco vacío repleto de ninguneos, de transitados resbalones, entre pisadas y pisotones…
Dame un segundo de ese reloj maltrecho que llevas, que no entiende de tiempos felices, ni permite espacio ni huecos, salvo para las dudas… Dame un pequeño retiro de ti, un aparte sin parte de ti, sin necedades ni desplantes, sin esos ojos hirientes que todo me lo marcan y me dejan perdido el patio de recreo, y entre jardines y paseos lo preña todo de oscuridad, y la oscuridad de fantasmas viejos y otros nuevos…
Dame una t…