Allá voy...




Y no me da la gana, no pienso ceder, ni retroceder, no pienso regalar un sólo centímetro al desaliento, ése que llega en volandas a veces de quienes menos esperas. No pienso regalar ni un ápice de mi esfuerzo a las miradas compasivas, al aliento cuando es falso, o cuando es voluntarioso pero carente de fe. Y no me la gana porque me estoy dejando la piel en algo en lo que creo, porque sé que llegaré, porque creo en este sueño loco, y porque sin locura no hay batalla, ni alegría, ni tiene sentido este día a día escarbando el futuro, ése tan esquivo, al que le di la espalda demasiado tiempo. Es mi momento, es ahora o nunca, y No… no pienso restarle puntos a este aluvión de emociones que me acompañan cuando os visito, cuando me leéis, cuando me escucháis… Porque nada merece más la pena, lo digo siempre, que ser honesto con uno mismo, y yo lo estoy siendo ahora, y no estoy dando palos de ciego, es que simplemente voy de uno en uno, gota a gota, sembrando mi destino.

Y no me da la gana de hundir mis barcos antes de haberlos echado a navegar, sólo porque alguien sople en contra, o porque no haya viento, o porque barcos más grandes pasen con estelas llamativas cegando lo que hago con su esplendor… Porque mis estrellas son tal vez más pequeñas y aún no se ven, pero están llenas de ilusión, y de coraje, de ése que te arroja a los leones, de ése que te obliga a saltar aunque sepas que te puedes lastimar.

Y no me da la gana de sucumbir, y no lo haré.

Y mira esta sonrisa, amplia, genuina, es la del que sabe que hace lo que debe hacer, y allá voy, pase lo que pase, dibujando mi destino, en vez de dejarme llevar por la corriente, que nunca me trajo más que la desdicha de quien se sabe perdido por no ser quien realmente debería ser.

Y sí, allá voy, con todas las consecuencias.

Maite R. Ochotorena




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