Dame un adiós

Dame una tregua, que no se me antoje eterna, dame un ratito de tu olvido, un respiro, para mantener esta calma en la farsa que nos traemos tú y yo… Dame un poquito de margen, un renglón entre líneas, que me deje saber qué estoy haciendo, que me desgrane este presente que se escurre y se me desvanece, sin otro horizonte que el borde de mis lágrimas…

Dame una tregua, una en la que mande yo, una que se desentienda de silencios ofendidos, que sea independiente de esa mordaz lengua, un hueco vacío repleto de ninguneos, de transitados resbalones, entre pisadas y pisotones…

Dame un segundo de ese reloj maltrecho que llevas, que no entiende de tiempos felices, ni permite espacio ni huecos, salvo para las dudas… Dame un pequeño retiro de ti, un aparte sin parte de ti, sin necedades ni desplantes, sin esos ojos hirientes que todo me lo marcan y me dejan perdido el patio de recreo, y entre jardines y paseos lo preña todo de oscuridad, y la oscuridad de fantasmas viejos y otros nuevos…

Dame una tregua, o dame un adiós, dame un hasta siempre, un olvido perpetuo que restañe las heridas que tu tiempo marcó, que la huera medida de tu amor desparramó por este patio solitario donde no crece nada, mientras tus sentidos lo peinan de amargura, mientras tus pasos resuenan en las esquinas.

Que ya no quiero más de ti, ni tú de mí, ni me sirven tus complejos, ni tus lamentos… Dame un adiós, que una tregua me sabe a poco y no sacia la sed que me atenaza la garganta…

Dame un adiós y vete, así en silencio, así en la calma, así en la nada…

Así tal vez se me olvide la pena, y se me calme la herida que sangra…

©2017 Maite R. Ochotorena

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