Se me vence la vida...

Leer
Al leer estas páginas mi voz se conmueve, como ese hilo trémulo que baila con la brisa, como si la letra que las tiñe pudiera rasgar también el alma; como si, dotadas de voluntad, pudieran penetrar la carne y preñarla de sonrisas amargas, de nostalgia, de pena atravesada, como la que se me cuelga por las mañanas.

Al leer entre líneas, ese aroma apaciguado de la tinta marchita se confunde en el ambiente y me trae recuerdos, recuerdos adormecidos en el tiempo. La memoria me traiciona, y da rienda suelta a la emoción, que se desboca, y algunas lágrimas se vierten y empapan tus palabras, como si pudieran emborronar su significado, más allá del momento en que fueron escritas, más allá de tu propio llanto; se cuelan profundamente en el papel, y penetran con ellas la negrura y el dolor, ahondando la herida, si es que se puede dañar el recuerdo plasmado en una hoja, una vez más, ahora que no estás...

Quiero arrugarte y perder tu mensaje en esos pliegues iracundos que mi mano apresa en un solo gesto tardío, pero no puedo... Tu voz se me ha colado en el pensamiento y ya trasciende mis muros, los del olvido, los del miedo. Tu voz aúlla en mis oídos, y esas líneas apretadas que tu mano escribió a escondidas me atraviesan para arrebatarme la ilusión de haber engañado al tiempo y a mí mismo.

Al vagar a través de tu letra menuda, meciéndome en sus curvas, entre trazos dibujados, se me abre una brecha en el alma y reconozco la herida, honda y hueca... Porque no estás, y al leer tus palabras, gastadas por los años y mi ignorancia, se me vence la vida, se me vence la vida... porque no estás, se me vence la vida.

©2017 Maite R. Ochotorena

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