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Mostrando entradas de marzo, 2017

Relato de Misterio: el Ascensor

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Un tipo grande había entrado con él en el ascensor. Olía a manzanas maduras y a regaliz, y ocupaba casi todo el espacio con su masa corpulenta y su extraña bolsa negra. Jigger se apretó contra la pared cuanto pudo, mirando de soslayo a su compañero de viaje. Vio que pulsaba el botón de la planta octava. Él iba al noveno. Estiró la mano para marcar en el teclado su destino, pero dejó el dedo suspendido en el aire un instante… No le gustaba nada ese hombre de piel albina, ni su bolsa de cuero, grande y negra. En vez del noveno, escogió el cuarto. Ni el primero ni el séptimo, para disimular. Haría el resto andando. A continuación se echó atrás y se quedó callado, mirando al suelo.
El silencio, en un espacio tan reducido, se vuelve incómodo entre dos extraños. Cuando las puertas del ascensor se cerraron y se pusieron en marcha, Jigger deseó que el tiempo volara, para poder salir de allí cuanto antes. A sus once años de edad tenía demasiada imaginación, y se le ocurrían muchas cosas inquie…

Un Fragmento de El Destino de Ana H. Murria

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Jesús Vera me ha prestado su maravillosa voz para leer dos fragmentos de El Destino de Ana H. Murria, dos extractos espeluznantes que nadie hubiera podido leer mejor. A través de su voz nos trasladamos al Monte Urgull y somos testigos de una horrible escena, a través de él presenciamos una cena familiar preñada de estupor... Hay que escucharlo para entender de qué hablo. Aquí os lo dejo, pinchad en el enlace y os llevará al vídeo en YouTube. 
Un Fragmento de El Destino de Ana H. Murria


Donde Habita el Miedo: un pequeño fragmento

Cabalgas...

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Cabalgas...
a través del manto eterno.

Cabalgas las dunas,
y me abrasas.

Qué traicionero es este desierto...
que no me permite ver a través de la tormenta.
Qué aparente es ese velo,
qué oculta...
el velo de arena...
se lleva tu figura y la enreda...
...y la enreda,
inalcanzable,

lejos de mí,
lejos en ese horizonte que reniega de sí mismo...
lejos de toda respuesta,
lejos del puente que se repliega.

Y ya no hay camino.
No existe,
no estuvo,
no lo entiendo...

Y cabalgas, lejana tu voz, ajena y fría...
cabalgas a través de esas dunas cambiantes...
Se mece mi desdicha en sus devaneos ardientes,
se retuerce la pena y me entierra.
La arena dorada se expone a las estrellas y al sol ardiente,
la arena fina transcurre sin medida en tu reloj del tiempo,
tiempo sin horas,
sin regreso,
sin futuro.

Cabalgas y te pierdes en la NADA,
la NADA soy yo.

Cabalgas y el mundo se enfría,
las dunas acunan mi tristeza,
el viento sopla sobre ellas,
olas móviles que navegan hacia el cielo sin estrellas.
Mi ciel…

Relato de Terror: La Puerta del Armario

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Ninguno creía en los espíritus.
Y sin embargo estaban allí, sentados alrededor de la mesa, con el dedo índice de la mano derecha puesto delicadamente sobre un vaso de plástico que Marcos había colocado boca abajo. Alrededor, en círculo, habían distribuido las letras del abecedario. Las habían cortado de una en una a partir de una hoja de papel. Estaban a oscuras en la habitación de Santina, iluminados por un par de velas.
A Santina no le gustaba la idea de hacer una sesión de espiritismo en su habitación, pero su hermano Marcos y los demás, Lalo, Mercedes y Toño, se habían empeñado tanto en hacerla allí, porque no tenían ningún otro sitio donde jugar, que al fin había cedido.


La niña fruncía el ceño mientras observaba el rostro de sus compañeros de mesa. Marcos se concentraba en el vaso, convencido de lo que hacía; era el único que creía en la existencia de los espíritus. Lalo apretaba los labios para contener la risa, y Mercedes y Toño miraban de soslayo alrededor, temerosos como ell…
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Ahora podéis escuchar dos fragmentos de la novela El Destino de Ana H. Murria, con la inigualable voz de Jesús Vera Cristobal. Es un vídeo cortesía de Jesús Vera Cristobal y Violant Muñoz Genovés, para el programa www.radiosilenci.cat. Al escucharlo os haréis una idea del ambiente de la novela, adentrándoos en el mundo de Ana H. Murria, una historia sórdida, dura, inimaginable...
Maite R. Ochotorena


Entrevista para el Diario Vasco con Begoña del Teso

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Aquí os dejo la entrevista que Begoña del Teso me ha hecho para su sección en el Diario Vasco. En ella hemos conversado sobre las novelas de intriga, sobre la San Sebastián que aparece reflejada en mi última novela, El Destino de Ana H. Murria, y sobre mi curiosa trayectoria literaria. Espero que os guste, y si queréis, podéis dejar algún comentario.
Maite R. Ochotorena



Días malos

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A veces, aunque sé bien que días como el de hoy tocan, y que no puedo hacer nada para evitarlo, me veo inmersa en un lunes sin ganas, ni arranque para seguir peleando. Un lunes cualquiera, no hay diferencias, sólo soy yo que me doy por vencida durante un kit kan que no suele ir más allá de un día.
Es entonces cuando recuerdo que ya sé que voy a tener más de un lunes como el de hoy, que habrá muchos lunes así, de bajón, de dudas, de «no tengo ganas de salir a buscar lectores», de para qué...

Es entonces cuando acudo a ése calendario que tengo en mi estantería, (me lo regalaron durante una de mis visitas), donde dice: «Recuerda, no es dónde estás, sino a dónde quieres llegar».
Es entonces cuando me dejo llevar, «hoy no salgo, hoy descanso». Porque no tiene nada de malo rendirse por unas horas, dejar que pase el cansancio, las dudas, el miedo y la pataleta. Porque siempre, invariablemente, hay un martes esperando, dispuesto a volver a empezar.
No son las derrotas en el día a día, son las…

Relato de Terror: El Mensajero de la Muerte

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Contestar una llamada anónima puede parecer un gesto intrascendente, pero también puede hacer que el destino llame a tu puerta.


A veces, darle paso a un desconocido, implica mucho más de lo que parece; a veces, ceder nuestro espacio a una simple llamada de teléfono, o el simple hecho de leer un mensaje… es darle una oportunidad al mensajero de la muerte.
Beth llevaba apenas diez minutos sin mirar la pantalla de su móvil, decidida a ignorar sus zumbidos cada vez que recibía algún aviso. Apoyada en el alféizar de su ventana, mantenía la mirada fija en la lluvia al otro lado, el mentón obstinado sobre la mano, la espalda arqueada, las rodillas dobladas… Estaba en calcetines, y ya se había cambiado para estar en casa. Su mal humor iba aumentando, a medida que el móvil parpadeaba sin cesar, zumbando sobre la moqueta con insistencia.
No quería ceder, pero le costaba dominar su natural impulso de mirar.
La cuestión no era si leer o no los mensajes de Whatsapp… la cuestión era si leer o no lo…

Relato de Misterio: Pacto con la Muerte

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Por encima de todo, Nathaniel ansiaba vivir. La vida y la muerte, la eterna quimera a la que él pretendía burlar.
La Isla de Santa Clara se perfilaba contra el cielo negro, abrupta y silenciosa. El faro desde su cumbre cortaba la creciente oscuridad con un penetrante cuchillo de luz, y el mar subía y bajaba furibundo, salpicado de múltiples y brillantes crestas de sal; aquel mar oscuro y bravo zarandeaba la embarcación de Nathaniel mientras remaba frenéticamente a través de la bahía.
Muy pronto una cortina de lluvia se derramó desde aquel cielo plomizo, convirtiendo el horizonte en un brumoso cuadro amenazador. El viento soplaba con fuerza desde el norte, y las olas se envalentonaban, saltando contra la espalda de la isla en una explosión de espuma blanca.
Nathaniel no tenía miedo, pero no quería perder su preciosa carga. Miró a su espalda. La ciudad de San Sebastián se veía apacible bajo la borrasca, con sus luces titilando en la oscuridad y sus playas apenas visibles con la marea al…

Tic Tac

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El tiempo se cuela por mi ventana,
un brumoso atardecer,
el tic tac eterno que desbarata mis preguntas sin respuesta,
una pausa en el pensamiento,
un rubor tardío que ya no puede ser,
ni será,
ni vendrá...


Me lamento,
y me ciño una pausa en este corsé que llevo puesto.

El tiempo se mece en mi espera,
tiene trazos de ti, se te parece,
pero no eres tú,
ni lo serás,
ni estarás...

No me queda espacio,
me rompo en trazos silentes,
lloro porque no eres tú,
porque no te quedas,
ni yo estaré esperando,
en este preciso instante que se detiene y se burla,
que me retiene,
que me castiga,
que me desnuda...

El tiempo se desplaza,
ahora es un poco más ayer,
un poco más lo que no fue, lo que fue, lo que permanece, lo que se me escapa...
ahora está fuera de mí,
en otra parte, más allá,
donde no puedo permanecer,
ni desgarrarme en cintas grises,
ni desquitarme ni ausentarme,
ni tener encuentros,
ni desencuentros...

Tic tac...
El tiempo se acaba...

© 2017 Maite R. Ochotorena

Relato de Terror: Al Otro Lado

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La calle se extendía ante Evelyn oscura y mojada por la lluvia. Caían del cielo miríadas de gotas vaporosas, que revoloteaban alrededor de las farolas como halos de colores. El silencio barría el tiempo sobre la calzada irregular, como si ella no estuviera allí, al principio de la calle, sin atreverse a cruzarla.
Con su falda ligera, sus largas piernas, sus medias, sus botines recién estrenados, su chaqueta de cuero y su larga melena lisa, Evelyn lucía hermosa en la oscuridad.
No había taxis en aquella parte de la ciudad, tampoco quedaban autobuses que circularan de madrugada, y de todos modos tenía que pasar por allí para llegar a su barrio, al otro lado.
San Sebastián dormía un sueño apacible, ajeno a la noche, ajeno a la lluvia monótona, a la brisa que soplaba del mar. Las ventanas de las casas coronaban aquella calle solitaria como ojos ciegos, cerradas a cal y canto. Evelyn consultó su reloj de pulsera. Eran las cuatro de la mañana. El tic tac se escuchaba nítido en la quietud. S…

Relato de Terror: Virus

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Jack observó la pantalla de su ordenador sin parpadear. Llevaba diez minutos allí sentado, sin despegarse de su silla, atento únicamente a aquella extraña señal que de vez en cuando aparecía pululando a lo largo y ancho del monitor.
Era extraña porque… el ordenador estaba apagado. Y el monitor también.
Y era extraña porque había aparecido por primera vez un rato antes, mientras revisaba sus mensajes y correos electrónicos. Después de abrir un curioso mail de origen desconocido, todos los programas se habían ido apagando por sí solos. Enseguida se había dado cuenta de que aquel correo debía contener algún tipo de virus, pero para entonces ya lo había abierto, y al parecer con eso había bastado para ejecutarlo. Por supuesto, se había apresurado a apagar la CPU de inmediato, con la esperanza de anular lo que quiera que hiciera el virus, pero estaba claro que sus medidas de seguridad, aparte de inútiles, habían llegado tarde.
Allí estaba de nuevo. La extraña señal.
Surgía invariablemente …

No le tengo miedo

Una llamada en la noche,
un cascabel,
en la entrada de mi torre.

Se acerca el rumor del viento,
serpentea a través del pasto seco,
y escucho perfectamente su aliento.

Una llamada se repite,
dos,
tres veces,
sacude mi sueño cauto...

Oigo el pulso de esa encina,
su sombra muele la tierra;
hay una danza en el aire
que mueve sus ramas...

Un cascabel,
un tintineo fugaz,
los tejados se arriman al cielo negro,
y el viento arrecia,
se arrastra miserable agitando ese pasto mugriento.

Las primeras gotas sacuden la tierra yerma,
el perfume almizcleño de sus entrañas
se cuela en mi madriguera.

Ya se acerca.
No le tengo miedo.

Una llamada en las sombras.
Ya está aquí,
al pie de mi castillo,
se alza desde el fondo de ese abismo
y me mira a los ojos.

No le tengo miedo.
La vida y el infierno se desatan,
no hay pasos que hollen la piedra,
no hay voces en el silencio,
sólo esa llamada en la noche.

No le tengo miedo...

© Maite R. Ochotorena

Relato de Terror: La Nada

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El silencio y la muerte van de la mano.
La muerte y el dolor se apresuran a través del tiempo y hurtan la vida del mismo modo en que un ladrón se lleva su botín: a escondidas.
Yvette siempre había temido ambas cosas, lo que oculta el silencio y lo que implica morir. Lo que hay o no hay detrás de la muerte, la nada…
Sentada en la bañera, con el agua casi hirviendo lamiendo su piel, dio una profunda calada a su cigarrillo y después lo apagó. Era el último. No volvería a fumar.
Se hundió un poco más en el agua y dejó que la espuma la envolviera como si de un abrigo se tratase. Cerró los ojos, y se dejó llevar… Su cuerpo se fue relajando, distendido, flotando, húmedo e inerte. Yvette imaginó que un mar de aguas cálidas la mecía suavemente, que el mundo perdía significado, que la vida elevaba su espíritu más allá de todo, amable por una vez… La espuma chisporroteaba en sus oídos, y un cosquilleo agradable recorría sus piernas desde los tobillos, a través de las pantorrillas, hacia los musl…