Cabalgas...

Desierto
Cabalgas...
a través del manto eterno.

Cabalgas las dunas,
y me abrasas.

Qué traicionero es este desierto...
que no me permite ver a través de la tormenta.
Qué aparente es ese velo,
qué oculta...
el velo de arena...
se lleva tu figura y la enreda...
...y la enreda,
inalcanzable,

lejos de mí,
lejos en ese horizonte que reniega de sí mismo...
lejos de toda respuesta,
lejos del puente que se repliega.

Y ya no hay camino.
No existe,
no estuvo,
no lo entiendo...

Y cabalgas, lejana tu voz, ajena y fría...
cabalgas a través de esas dunas cambiantes...
Se mece mi desdicha en sus devaneos ardientes,
se retuerce la pena y me entierra.
La arena dorada se expone a las estrellas y al sol ardiente,
la arena fina transcurre sin medida en tu reloj del tiempo,
tiempo sin horas,
sin regreso,
sin futuro.

Cabalgas y te pierdes en la NADA,
la NADA soy yo.

Cabalgas y el mundo se enfría,
las dunas acunan mi tristeza,
el viento sopla sobre ellas,
olas móviles que navegan hacia el cielo sin estrellas.
Mi cielo negro,
el universo caduco,
mi infinito sin ti.

La luz se apaga.
No estás.

© 2017 Maite R. Ochotorena


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