Los sueños se fraguan en el corazón


En la penumbra de este sueño que es la vida, me siento agradecida, pese a las sombras que aún guardo en el cajón.

En la quietud de este instante reservado al tiempo, me pregunto dónde está el sentido de cualquier herida, dónde la muerte de cualquier inocencia.

A este lado de la calle no hay color, se duerme en mi regazo y yo suspiro pensando en todo lo que fui... sin sentirme más viva que antes, ni más importante, ni más consecuente, o consciente de quién soy... a pesar de esa mirada que me devuelve el espejo por las mañanas.

Sentada en este rincón apacible, jugueteo con la idea de haber perdido toda noción real de las cosas. Me siento surcada por ese viento helado, terco y zalamero... Fuera de mí... no hay espacio. En este cielo estrellado tampoco hay lugar para otras cosas que no sean las estrellas, es mentira que albergue sueños, los sueños no se fraguan en el universo, surgen en el corazón, se moldean al ritmo de sus latidos y se desenvuelven como un regalo cuando el mundo se refleja en tus ojos y tus palabras saben deletrearlo.

Es mentira que tengas tiempo para recuperar lo perdido, es mentira que haya un espacio para el dolor y otro para la esperanza. En este rincón se mezcla todo y se vuelve gris, y sólo retorna el tiempo tejido del revés, porque a estas alturas ya te lo han robado casi todo.

No poseo muchas cosas, pero sé que tengo algunas certezas, algunas serenas, otras más turbulentas, sobre lo que es la vida y lo que espero de ella.

Ahora, mirando hacia ese cielo estrellado donde no hay sueños, procuro acuñar los míos, unos nuevos, porque todo lo que pasó se perdió, y ahora sólo queda el mañana, y el amanecer espera siempre a la vuelta de esa esquina, en esta plaza o en otra.

Y no me arrepiento de nada, y me arrepiento de todo.

Quién sabe, tal vez mañana despierte y haya amanecido, mientras tanto espero en este rincón, contando estrellas, fraguando sueños.

© 2017 Maite R. Ochotorena


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