Relato de Intriga: «Arriba o Abajo»

Arriba la luz, una bocanada de aire fresco, la libertad, la esperanza…

Abajo la oscuridad, las preguntas, la incertidumbre y el miedo.

Arriba o abajo…

Arriba o abajo…

Trepar por la roca y el musgo, hincar los dedos en las grietas desconocidas, aferrarse a la tierra empapada, rozarse la piel con la pared cortante, arriesgar el vacío para alcanzar el cielo…

Gatear bajo el suelo, arrastrarse por el légamo pútrido que desciende hacia las entrañas del abismo, con el estómago sobre la humedad y la espalda aplastada por el techo cavernoso. Agachar la cabeza, respirar despacio para no sentir la opresión del encierro, el aire insano, las tinieblas impenetrables y la curva sin sentido, hacia ninguna parte, abajo… abajo… abajo…

Tomar una decisión significa jugar una sola carta, a vida o muerte.

Garrett no quiere escoger, sólo quiere cerrar los ojos y aparecer en otra parte, así, por arte de magia. Pero está atrapado en un pozo con dos únicas salidas, hacia arriba, a través de la roca madre que hiere profundamente la tierra, emergiendo como un gusano de su agujero… O hacia abajo, descendiendo a rastras bajo esa angosta abertura negra, sin saber si al otro lado habrá una salida o sólo más y más oscuridad.

Garrett nunca ha sabido escoger bien, es hombre de malas decisiones, de hecho, es un indeciso.

Arriba o abajo…

Parece una broma macabra.

¿Cómo ha llegado allí?

No lo sabe. Pero está allí, al fondo del pozo, a más de cincuenta metros de profundidad.

Una pátina de agua silenciosa discurre por las paredes alrededor, empapando el musgo esponjoso, hasta encharcar el suelo de barro que pisa. No puede sentarse sin mojarse la ropa, y ya tiene los zapatos hundidos en ese hediondo lodo negro.

Arriba o abajo…

Garrett tiene miedo.

Mira hacia el cielo, azul, despejado, radiante, y anhela sentir la brisa fresca de la tarde. Allí no corre el aire, el ambiente está suspendido sobre él, asfixiante y denso, muy quieto e inmutable.

Palpa la pared y hurga con los dedos rompiendo el musgo blando y suave, buscando en la piedra que hay debajo un hueco donde aferrarse. Está fría, helada, mojada, y algo se desliza viscoso rozando su piel. Garrett aparta la mano asqueado. Luego vuelve a probar. Encuentra un hueco en la piedra y se agarra con fuerza. Trata de trepar, tantea la pared, una oquedad para apoyar el zapato… Resbala y cae sobre el barro con un odioso salpicón que mancha su traje de corbata, su camisa blanca de Armani y sus gafas de miope. Se le cae el móvil y se hunde en el ponzoñoso suelo, hasta desaparecer.

Desesperado, Garrett empieza a buscarlo, gateando, de rodillas, balbuceando una plegaria… Ya no se acuerda del asco que siente ante el tacto untuoso del ciemo, ya no le importa su traje de chaqueta,, sólo quiere recuperar el móvil… Pero lo ha perdido.

Garrett solloza impotente, sentado de culo en su abandono.

Arriba o abajo…

Arriba el cielo azul, inalcanzable.

Abajo una oquedad profunda y un frío que repta por la pared.

Arriba o abajo.

¿Arriba o abajo, Garrett? Decídete.

Se agacha y mete la cabeza por esa grieta que se hunde en la tierra. Huele a tiempo sin medida, a quietud y silencio. Huele a trampa. Pero Garrett se adelanta e introduce los hombros en la grieta. «Si pasan los hombros, pasa el resto del cuerpo...», se dice. Se desliza y se arrastra adentrándose en la oscuridad. Su cuerpo acusa la dureza de la roca madre mientras avanza despacio contorsionándose a través de un agujero tubular que cae ligeramente…

Ya basta.

Apenas puede respirar y su pecho está oprimido, como si la montaña que tiene sobre él descansara sobre su espalda. Quiere retroceder.

Pero Garrett está atrapado. No logra dar marcha atrás. No se mueve ni un centímetro, pese a que trata de recular, pese a que se esfuerza por deshacer lo avanzado. De verdad que se esfuerza… Asustado, patalea para salir, pero cuanto más se revuelve, más se adentra en las tinieblas, engullido por la nada infinita que se hunde y le devora…

Ya no hay opción.

Sólo existe abajo.

Abajo, abajo, abajo… Garrett se va escurriendo como una lombriz. No ve nada, sólo siente la humedad y el frío, y el aire enrarecido. Baja durante tanto tiempo que pierde la noción de sí mismo, de las cosas. No sabe si ha avanzado un metro o diez, o si sólo cree que avanza…

Abajo, abajo… La piedra se estrecha y el lodo crece, y lo llena todo, y le envuelve, y cloquea encapsulado en la trampa mortal. Garrett boquea buscando aire, las gafas opacas, mascando el barro baboso que penetra por su garganta y llena su boca. Garrett empuja, boquea, empuja…



Abajo, abajo…

© 2017 Maite R. Ochotorena


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