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Mostrando entradas de septiembre, 2017

Relato de Terror: La Tubería

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Algo se está revolviendo bajo mi fregadero, como si un ejército de cucarachas empujara a través de la porquería acumulada en las tuberías para emerger desde el desagüe como una erupción volcánica y desparramarse por el suelo de mi cocina. No me lo puedo creer. Miro perpleja el oscuro sumidero, esperando a que ese… «algo», acabe apareciendo. Pero nada… El ruido continúa. Algo, literalmente, está rasgando las cañerías, ¿uñas?, ¿patas? Estoy empezando a ponerme muy nerviosa, así que pienso buscar algo con qué defenderme de lo que sea… eso. ¡Y tengo algo! Joder, algo muy efectivo: «Agua Fuerte». ¿Qué bicho va a sobrevivir a un buen chorro de «Agua Fuerte»? Tengo una botella ahí mismo, bajo el dichoso fregadero que me está sacando de quicio. Voy a abrir la puerta… Me agacho y miro. ¡Oh Dios! La tubería está a la vista… Es peor de lo que imaginaba. Está hinchada, como una pesada barriga repleta de algo… algo que se mueve. No puede ser, la tubería es de PVC rígido, nada puede hacerla ceder a…

BookTrailer: El Secreto de la Belle Nuit

Mañanas tristes

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A veces te despiertas una mañana, así, sin más, con el corazón encogido por alguna suerte de pena que no acabas de identificar, y tus pies se arrastran por el pasillo y el café se te antoja frío y la ropa te escuece, y los ojos te bailan frente al espejo mientras te preguntas qué pasa...
Como si un rayo cósmico cabrón se hubiera colado entre tus sábanas y te hubiera robado la sonrisa; como si el universo entero se hubiese comprimido en tu corazón con todo el dolor y el mal infinitos... y no pudieras contener tanta miseria...
Y querrías llorar lágrimas de amargura que aliviaran la presión, pero en vez de eso sales como cada día y tratas de ser la de siempre.
Y casi lo consigues... CASI.
Porque aunque te parece que haces, dices y piensas como sueles... en realidad caminas aislada y tus ojos no ven, y tu boca no sabe hablar de verdad, y tus manos han perdido sensibilidad.
Esas mañanas son para el cajón desastre, yo suelo embalsamarlas y dejarlas en cuarentena hasta que ya no son peligros…

La Espera

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Aún no he encontrado respuestas. La lluvia barre el asfalto y embarra mis seis metros cuadrados de espacio vital, el reducto oscuro y aislado en el que me oculto del mundo y de algo más.
Siempre me ha gustado la lluvia, pero ahora, sentada en la puerta de mi furgoneta, con una taza de café en las manos, observo cómo lo cambia todo.
Incluso yo, yo en esta nada, debo ser parte del paisaje borroso de una tarde de otoño; incluso yo, que no soy nadie, que vivo al margen de todo y que apenas salgo de mi caparazón… debo ser parte de esta lluvia, de la humedad, de los árboles que me rodean… Incluso yo debo de existir, en este equilibrio caótico que es la vida.
Incluso aunque no me sienta parte de ella. Aunque algo desgarre mi corazón desde dentro, robándome la sonrisa.
No voy a llorar, no es mi estilo. Prefiero dejar pasar las horas. El tiempo resbala por mi piel, mientras la humedad se posa en ella y la vuelve pegajosa. No lo noto, pero sé que pasa, y no me importa no sentirlo.
El tiempo me …

Quedarse en esa plaza gris...

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Si vas a envolverte de rígida cordura, de normas y obligaciones, es mejor que te desprendas por un rato de tus sueños...
Si vas a vestirte de rutina, quizás deberías guardar tu imaginación donde no te distraiga ni se desborde de añoranzas...
si vas a perder las llaves de tu corazón, quédate en esa plaza gris, donde no hay ecos de otras voces que te atraigan, ni emociones, ni riesgos...
Quédate en esa playa de guijarros oscuros, sin oleaje, ni horizonte, ni promesas, ni proyectos...
Quédate sentada y acúnate sin lágrimas, y recuerda, recuerda... que el precio a pagar es tu alma.
Maite R. Ochotorena