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Mostrando entradas de enero, 2018

Relato: «La tienda de la señora Henkel»

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La puerta está cerrada, y el cartel también indica que está «cerrado», porque la señora Henkel está a punto de marcharse, pero ellos entran, con osadía, con desparpajo y una gran sonrisa en la cara, como si fuesen los dueños de la tienda. Ella se incorpora —estaba agachada ordenando las últimas cajas del envío de esa mañana—, y arquea las cejas sorprendida. 
—…lo siento, estoy cerrando. Podéis volver por la tarde, abro a las cinco. 
—…lo sabemos, será sólo un momento, señora —contesta uno de los dos recién llegados. Un rápido vistazo a sus ropas y la señora Henkel comprende que son comerciales, dos tiburones, otra vez.… Casi puede ver sus colmillos asomando por detrás de sus labios. Se arma de paciencia—. ¿Es usted la dueña? 
La señora Henkel se incorpora con cara de pocos amigos. Es la sexta vez que la visitan esa semana, no ellos, pero sí otros de su misma empresa. Son comerciales de seguridad, venden alarmas. 
—Soy la dueña, y lo siento, pero ahora mismo no puedo atenderos. Además,…

Relato: «Siete ratones y el gato»

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El hombre arrastraba los pies al caminar, y se encorvaba levemente hacia su lado derecho, como si llevara más peso en esa parte de su cuerpo. Le vieron cruzar la calle despacio, con el periódico debajo del brazo y el sombrero calado hasta los ojos, unos ojos que brillaban como dos ascuas a punto de apagarse, bajo el resplandor de la única farola que alumbraba la calle. Sus pasos resonaron huecos y espaciados en el silencio nocturno. Ellos aguardaban, agazapados tras una esquina. Los siete.
La figura alta y enjuta, envuelta en su abrigo negro, como una sombra desagradable, alcanzó el portal de su casa, en un edificio solitario fuera del barrio donde ellos jugaban y crecían yendo al colegio de la mano de sus padres y abuelos. Los siete habían perdido algo, los siete sabían, guardaban un secreto, y ese secreto estaba en aquel instante delante de ellos, ajeno a ellos.
Observaron sin respirar cómo era el hombre que estaba sembrando de pánico el barrio. Estudiaron su aspecto, sí, algo sini…

Relato: «Avenir, el futuro ya está aquí»

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La etiqueta es chula. El diseño es llamativo, vivo, alegre, ¡chispeante! ¡Me encanta! Suspiro y me miro en el espejo. ¡Ajá! Ahí están, esas cochinas líneas de expresión alrededor de los ojos, los poros abiertos, esas insignificantes pero evidentes (al menos para mí), grietas en los labios…
Sí, la etiqueta es chula, pero el contenido de este pote de «Avenir» es mejor. Abro la tapa y huelo el perfume sutil que emana de su interior. La crema es untuosa y de un color tierra encantador. Mmmmmm… Huele tan bien… Huele a hierba fresca, a flores, a lavanda, a mar… No sabría definirlo, pero la sensación al cerrar los ojos y acercarlo a mi nariz es… embriagadora. «¡Ay «Avenir», cómo te idolatro!».
No puedo esperar más. Sonrío, como sonríen quienes se saben amantes de la innovación y la tecnología al servicio de la belleza. Sonrío, porque he apostado fuerte, y «sé», sé… que hoy voy a detener el tiempo, tal vez para siempre. Leo la frase de la etiqueta: «Bienvenida al futuro… Hoy las horas en tu r…